SOBRE LAS MANERAS DE INTERPRETAR "MÚSICA ANTIGUA".
Sobre las maneras de
interpretar “música antigua”.
Es sabido que, a mediados del siglo XX,
la música del Barroco---y la música antigua en general---experimentó un
renacimiento explosivo con el redescubrimiento de Vivaldi, Telemann y cada vez
más autores que fueron incorporándose al repertorio de las orquestas.
Hasta ese momento, de la música antigua se conocía prácticamente sólo a
Palestrina ---que se cantaba en grandes
coros--- más Bach y Händel, a quienes se tenía fosilizados en unas versiones
pomposas para grandes orquestas y enormes coros. De hecho, se interpretaba--- por inercia y, con
seguridad, por ignorancia---a los grandes del Barroco como si fueran autores
románticos, con la misma grandilocuencia y el mismo desborde sentimental que
caracterizan a éstos.
A partir de 1960, sin embargo, el movimiento que podríamos llamar de
“retorno al pasado”, al indagar en las partituras originales, fue descubriendo
el verdadero carácter de esta música. Si bien la música del Barroco es más rica
y compleja que la del Renacimiento, las obras de ambos períodos son bastante más
modestas que las del romanticismo, en los medios empleados y en la “temperatura
emocional” que las anima. (Ello se debe, como he dicho otras veces, a que en
esos tiempos ya lejanos la personalidad del músico no interesaba; aún no se
daba el tópico del “genio incomprendido” empeñado en hacernos llegar sus
“mensajes a la Humanidad”.)
De hecho, pareciera más bien que la finalidad de la música más abstracta
(instrumental) de aquel tiempo era liberar al alma de sus preocupaciones
cotidianas e inducir la contemplación. Es una música que se mueve
en las regiones superiores del alma humana. (Por el contrario, la del siglo
XIX, con su psicologismo, nos retrotrae a regiones menos elevadas, a aquéllas
conectadas con la “autoestima” y todo tipo de vanidades.)
Desafortunadamente, el proceso de depuración en las interpretaciones de
música antigua ha ido---a nuestro juicio---demasiado lejos. Entre los muchos
conjuntos dedicados a ella que han aparecido, algunos exhiben una dotación
vocal e instrumental exigua, y producen unas versiones tan emocionalmente
asépticas que llegan a ser pedantes. ¡No olvidemos que los musicólogos del
siglo XVIII---Mattheson, Burney, Forkel---tenían toda una “teoría de los afectos”, que prescribía cómo debía
ponerse en música cada sentimiento o pasión humana! (Lo notable es que, pese a
esto---o quizá por esto mismo---, no se observa casi nunca en el Barroco el
desmelenamiento plebeyo tan propio del siglo XIX.)
Personalmente, opino que la manera ideal de interpretar la música de los
siglos XIII al XVIII está a medio camino entre la opulencia burguesa del siglo
XIX y el “ballet mécanique” de los tiempos actuales. Algo que combine la
fidelidad a los originales con la simplicidad en los medios y la sobriedad en
la expresión.
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