CONSIDERACIONES ACERCA DE LA ESTETICA DE ADOLFO COUVE.

 

Consideraciones acerca de la estética de Adolfo Couve.(*)

 

I.              Introducción.

 Adolfo Couve, escritor-pintor, expuso sus ideas acerca de la pintura en diversas ocasiones, especialmente en su novela “La lección de pintura” [1] y en el “comentario introductorio” a ella, titulado: “ ‘La lección de pintura’: consideraciones en torno a una crisis” [2], texto presentado como memoria para optar al grado de Licenciado en Teoría e Historia del Arte en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1979.

 

   Antes de referirnos a estos dos textos, daremos un resumen de los principales puntos de la estética de Couve, entresacada de otras manifestaciones suyas y de comentarios de terceros. Estos puntos son:

1)   La pintura occidental, en su avance hacia una representación  más fiel de la naturaleza, fue venciendo, a partir del siglo XV, diversos obstáculos mediante técnicas cada vez más elaboradas (perspectiva, escorzos, claroscuro, etc.), hasta alcanzar una perfección casi “fotográfica” en los pintores neoclásicos (Ingres, J. L. David).

 

2)   Fue precisamente el advenimiento de la fotografía, y el afán de la pintura por competir con ella, lo que provocó la decadencia de ésta. Los pintores comenzaron a rehuir los problemas técnicos, para refugiarse en los efectos de la luz; así nació el impresionismo, manera desleal de competir con la fotografía, ya que este movimiento (y  los “ismos” que lo siguieron) evita las “complejidades ingratas que… los comprometen en aspectos no sólo artísticos, sino religiosos, morales y de toda índole.” [2]

      

   Al menos estos dos son puntos básicos de la estética pictórica de Couve. Lo que no queda claro en ellos es cómo pensaba él que debía pintarse en el siglo XX. Su estética parece detenerse en el año 1800 o, como máximo, en 1850.

 

   Nos apresuramos a añadir que compartimos sus puntos de vista, con la única salvedad de que los neoclásicos (a quienes él llama “aquella heroica tentativa”) tampoco nos agradan, por grandilocuentes y acartonados. Lo que sí nos sorprende es el contraste entre las ideas de Couve y su pintura, la cual dista mucho de ser “fotográfica”, y está más cercana a…los impresionistas.

 

 

2. “La lección de pintura” y el comentario de su autor.

 

   A nuestro juicio, “La lección de pintura” [1] es la más interesante entre las novelas de Couve. Retrata un fenómeno inesperado---la aparición de un niño genio pictórico en un ambiente humilde---y se desenvuelve básicamente en provincias---Llay Llay, Viña del Mar---, lo cual no es tan común en nuestra literatura posterior al costumbrismo.

 

  Un niño de innegable talento pictórico nace en un hogar pobre en Llay Llay (ni siquiera allí, sino en el suburbio de Morandé); el boticario del pueblo lo “descubre”, y lo lleva a Viña del Mar, y aún a Santiago, a conocer la “alta cultura”, tomándole luego una profesora en el viñamarino palacio Vergara. Finalmente, el joven prosigue su viaje de formación hacia Santiago y presumiblemente hacia el extranjero. 

 

   La obra es un Bildungsroman(**); pero, según se desprende del comentario del autor {2}, la formación del joven está plagada de errores debidos a las ideas equivocadas de su mentor y de la profesora

acerca del arte plástico. Sin embargo, en la novela misma no queda claro que se cometan errores; todas las etapas parecen ser los pasos normales a seguir en la formación de un artista. (También parece normal e inevitable, como se ve al final, la soledad del artista talentoso.) Aquí comienzan las contradicciones: ¿por qué Couve en su comentario [2] denuncia estos pasos como errores? Veámoslos más en detalle. 

 

1)   Según el comentario [2], el tutor del joven Augusto, señor Aguiar, “ejemplifica todo el engorroso y debatido asunto del movimiento post-realista, el impresionismo, la decadencia de las artes plásticas…” [2], al preferir a los grandes maestros “un arte fácil, sin personalidad definida…Se nos presenta como un diletante que toma al niño a su cuidado esperando para él una figuración social debida al éxito…Aguiar representa aquella postura frívola, efímera vanguardia…” [2] 

   A continuación viene algo muy extraño: “Aguiar es (¡) la ruptura con el realismo, [con] el neoclasicismo, e incluso con el romanticismo.” [2] ¿A qué estilo adhiere entonces Aguiar? “…A una naturaleza descompuesta, ficticia, como es el caso del grupo impresionista…” [2] Es verdad que, en una escena crucial, Aguiar expresa su preferencia por los impresionistas. Sin embargo, todo en él---especialmente su edad---nos inclina a creerlo partidario de los realistas del siglo XIX.

 

2)   Cuando Augusto y su tutor visitan el Museo de Bellas Artes de Santiago, se produce la escena crucial antes mencionada. “Allí, frente a una discutible tela de Monvoisin [“El 9 de Termidor”], el pupilo y su preceptor exponen cada uno sus puntos de vista.” [2] Augusto---que no ha estado nunca antes en un museo---dice que el cuadro “le gusta”, sin explicar por qué, como el niño que aún es. Aguiar, en cambio, se deshace en improperios contra el cuadro y su autor, demostrando su preferencia por los impresionistas, debido a la facilidad de éstos.

      

   La tela de Monvoisin pertenece a lo que podríamos llamar “realismo fotográfico”: ese estilo tan poco poético al que suponemos que adhiere Couve. El cuadro es impecable desde el punto de vista técnico---quizá por esto le agrada a Augusto---, pero frío. “El joven ha encontrado un modelo, no para imitarlo sino para servirse de él” [2], dice Couve en su comentario. Sin embargo, ello no queda claro en la novela. Lo más extraño es el calificativo de “discutible” que el autor le endilga al cuadro en cuestión: ¿no era Couve un admirador de los realistas románticos del siglo XIX? Aparentemente, la postura de Couve ante este cuadro no es ni la de Aguiar ni la del joven Augusto. ¿Cuál es, entonces?

 

3)   Al llegar Augusto a la escuela de pintura del palacio Vergara, el autor, en su comentario, la califica como “desastroso taller en donde tanto la maestra como los demás alumnos viven en la más completa desorientación.” [2] El carácter “desastroso” de esta escuela tampoco queda claro en la novela.

 

   Más aún, al marchar Augusto hacia su destino, “segundos antes de  la partida del tren, descubre en la profesora a la mujer extraordinaria que hay en ella”, oculta bajo capas de simulación. ¿Cuál fue entonces el papel de esta profesora en su vida?       

 

3. Conclusiones.

 

   En resumen, creemos que la estética de Adolfo Couve está parcialmente resumida en el comentario a “La lección de pintura” [2] y en otros escritos [3], [4], pero en la novela misma su punto de vista no está claramente expresado. El lector---quizá por ignorancia de los problemas del arte---cree asistir en ella a la formación inicial de un genio artístico, una formación que parece estar libre de obstáculos y peligros. Estos últimos, sin  embargo, son sutiles y reales, como aclara el autor en su comentario posterior. 


(*) Adolfo Couve (Valparaíso, 1940 – Cartagena, 1998): Pintor, con estudios en Santiago de Chile, Nueva York y París. Profesor de Estética e Historia del Arte en la Universidad de Chile por más de 30 años. Escritor, autor de “El Picadero”, “La lección de Pintura” y “Escritos sobre Arte”, entre otras obras literarias. Sus últimos años los vivió recluido voluntariamente en Cartagena.

 

(**) Bildungsroman: en alemán, novela de formación; narración que relata el desarrollo de una persona joven, generalmente artista. Demian, Peter Camenzind (ambas de Hermann Hesse) y La Montaña Mágica, de Thomas Mann, son ejemplos insignes.

 

Referencias.  

Todas las citas y referencias están tomadas de: Adolfo Couve: Obras Completas, Santiago, Tajamar Editores, 2010.

[1] “La Lección de Pintura”, p. 259.

[2] “ ‘La lección de pintura’, consideraciones en torno a una crisis”, pp. 733 – 737.

[3] “El oficio del escritor en la sociedad contemporánea”, p. 807.

[4] “La poesía nos va a salvar”, entrevista, pp. 820 – 821.  

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