QUEVEDO: SONETO AL DUQUE DE OSUNA.
Acerca
del soneto de Quevedo
“Memoria
inmortal de D. Pedro Téllez Girón,
Duque
de Osuna”.
El soneto
es el siguiente:
Faltar pudo a su patria el grande Osuna,
pero
no a su defensa sus hazañas;
diéronle
muerte y cárcel las Españas,
de
quien él hizo esclava la fortuna.
Lloraron
sus envidias una a una,
con
las propias naciones, las extrañas;
su
tumba son de Flandes las campañas,
y
su epitafio, la sangrienta luna.
En sus exequias encendió el Vesubio
Parténope,
y Trinacria el Mongibelo;
el
llanto militar creció en diluvio.
Diole el mejor lugar Marte en su cielo;
el
Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio
murmuran con dolor su desconsuelo.
Iremos
comentando el texto por orden. El primer cuarteto, retórico y solemne, no tiene
nada que sorprenda. Es un alegato de Quevedo en favor de su patrón y amigo el Duque
de Osuna, destacado militar de la monarquía española.
En el
segundo cuarteto comienzan las cosas sorprendentes. Su primer verso dice:
“Lloraron sus envidias una a una,…” ¿Por qué “sus envidias”? ¿Cómo se lloran
las envidias? Humildemente, yo habría puesto, por ejemplo, “sus desgracias”… A
continuación, dice: “su tumba son de Flandes las campañas, / y su epitafio la
sangrienta luna.” “De Flandes las
campañas” puede significar “los campos de Flandes” o “las campañas militares
que tuvieron lugar en Flandes”. Sin embargo, por lo que sabemos, el Duque de Osuna
no murió en Flandes, sino injustamente encarcelado en España. En cuanto a “la
sangrienta luna”, ¿qué significa? ¿Por qué “sangrienta”? ¿Es una alusión a
algún escudo de armas? ¿O quizá a los bárbaros turcos y su emblema de la
(media) luna?
El primer
terceto comienza con una manifiesta exageración, y sigue con un verso grotesco
hasta la ridiculez: “En sus exequias encendió el Vesubio/ Parténope {Nápoles},
y Trinacria {Sicilia} al Mongibelo {el Etna}; el llanto militar creció en
diluvio.” Decir que dos volcanes hicieron erupción sólo para solemnizar las
exequias del Duque es una hipérbole sin par…pero, pase. Lo que no pasa
inadvertido es el verso siguiente. La expresión “llanto militar” es una contradictio in terminis (¿no habíamos
acordado que “los hombres no lloran”?). Ante este “diluvio” (otra hipérbole),
uno se imagina a hombres barbados, milicos de tomo y lomo, abrazados, llorando
como magdalenas e inundando el suelo con sus lágrimas.
En el
segundo terceto, los dos últimos versos, que cierran el poema, vuelven al tono
solemne. El primero de ellos es una rápida enumeración de ríos de Europa--- “el
Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio”---, ríos que presumiblemente jugaron un
papel en la carrera del Duque, y que testifican de la amplitud de los intereses
de la corona española. El último verso es poético y recogido---“murmuran con
dolor su desconsuelo”---: el rumor de las aguas corrientes se transforma en una
queja por la muerte del personaje. Esta es una manera mucho más eficaz y
convincente de mostrar duelo por el Duque que el llanto desaforado de los
milicos.
En resumen,
este soneto de Quevedo nos parece una manera contradictoria de demostrar duelo,
una que mezcla lo sublime con lo ridículo.
Raúl Simón
Eléxpuru.
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