EL PRESTIGIO DEL CAPITALISMO.

 

                                         El prestigio del capitalismo.

 

   El sistema capitalista se gestó a fines de la Edad Media, se perfeccionó en el siglo XVII, alcanzó rango mundial en el  XIX, y en este siglo XXI ha triunfado de todos sus enemigos y reina sin contrapeso. Y, lo que es más notable, no necesita de la fuerza para imponerse;  lo hace por su solo prestigio.


   ¿En qué consiste este prestigio? Sin duda, ha dado a grandes sectores de la humanidad un bienestar material nunca antes alcanzado. Al liberar a los individuos de los viejos y opresivos vínculos feudales, los ha dejado librados a  su responsabilidad individual;  en general, las personas han respondido con un despliegue de energías físicas y mentales nunca visto en el pasado. (La diferencia entre ambos regímenes se ilustra en un chiste que circulaba  en los EUA durante su guerra civil: el sureño le decía al hombre de color:” Sé esclavo, y que Dios te ayude”; el yanqui del Norte le decía:” Sé libre, y que el diablo te lleve.”)

 

   El capitalismo --- en su forma política, la democracia liberal--- demuestra (al menos en el papel) respeto por los derechos individuales, pero no se entromete en lo que cada individuo hace con su libertad. Su prescindencia es tan estricta, que tampoco ayuda a quien está en problemas. La actitud (muy anglosajona) es: estricto apego a la ley, pero nada de amor.

(Tampoco había mucho amor en el otro sistema, aunque se hablara de él con la palabra “caridad” – que se desprestigió, al pasar a significar “limosna”---.) 

 

   El capitalismo ha hecho a las personas  más responsables, independientes, trabajadoras, creativas, ordenadas... todas las virtudes que vemos en los países del hemisferio Norte. Pero también las ha hecho frías, calculadoras, egoístas... y, lo que es peor, metalizadas. El capitalismo lo “dineriza” todo; lo que no se cotiza en dinero, no existe.   

 

   Con esto, los primeros que sufren son los valores espirituales. El capitalismo --- a diferencia del socialismo--- no ha perseguido nunca a la religión; se limita a prescindir de ella (lo cual es la manera más segura de anularla).

 

   Todas estas objeciones, sin embargo, cuentan poco ante las ventajas tangibles del sistema, y sólo los ilusos se oponen a él (ya ni los clérigos lo hacen). Fue tal el embrujo del consumismo occidental y de la cháchara concomitante sobre “libertad”, que derribó una “cortina de hierro”. (En este sentido, la religión no fue más que un pretexto; cabe preguntarse si los polacos no utilizaron al papa Juan Pablo II, así como los norteamericanos utilizaron a Walesa.)  

 

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Las “contradicciones del capitalismo”. Cuando yo era joven y más ignorante que ahora, recuerdo haber visto o leído en alguna parte que los marxistas “serios” estudiaban lo que llamaban “las contradicciones del capitalismo”. Me parecía lógico que estudiaran a un régimen rival; pero, ¿por qué “las contradicciones”? Nunca supe cuáles eran éstas, pero la palabra  me sumía en la perplejidad.

 

   Yo habría esperado que estudiaran “las mentiras del capitalismo”, “los crímenes del capitalismo”, o algo igualmente indignante. Pero ¿”las contradicciones”?  Esta palabra pertenece al ámbito de la lógica, no de la moral, como sería de esperar en personas que buscaban puntos débiles del capitalismo. Y la lógica exige y presupone un rigor y un desapasionamiento difícil de esperar en gente tan combativa como los comunistas, gente proclive a negar la verdad más palmaria---no sólo ante los demás, sino ante sí mismos---, si ello los ayuda a continuar la lucha.

 

   Por fin, si el capitalismo contuviera tantas contradicciones, ya habría caído por sí solo... (Personalmente, creo  no conviene que caiga todavía; más vale diablo conocido...)

 

                                                                                 Santiago, octubre 2010.



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