EL DINERO.
El dinero.
En las culturas no primitivas, no hay nada que las personas aprecien
tanto como el dinero. Éste es la herramienta fundamental con que el hombre
satisface sus necesidades primarias. No es ninguno de los objetos
---alimentos, vestidos, habitación, etc.--- que el hombre necesita para
sobrevivir, pero encierra en sí la posibilidad de todos ellos. Por eso posee un
aura casi mágica, y la mayoría de nosotros prefiere recibir dinero a ser
retribuidos en especie por nuestro trabajo.
Porque el dinero se consigue con trabajo; más aún, con trabajo
socialmente útil. En el trabajo el ser humano deja sus energías vitales con el
fin de obtener el dinero que le permitirá satisfacer sus necesidades. Esta
situación nos ilustra sobre la verdadera función del dinero: es un instrumento
de control social, un espejismo para hacer trabajar a los hombres, sin que
jamás alcancen lo que esperan. Porque lo que el hombre sacrifica para obtener
el dinero es incomparablemente superior a lo que obtiene con él: la vida misma,
que se escapa a cada momento; el precioso presente, que es ignorado en aras de
un futuro dudoso. Al proyectar al hombre hacia el futuro, el dinero lo hace
olvidar el presente (lo único que verdaderamente posee).
Y lo
que se obtiene con el dinero es sólo lo que éste puede dar; es decir, aquello
que ha sido ---artificialmente---tasado y reducido a números. Aquello más
valioso, lo que el hombre realmente busca, está más allá de los números: el
amor, la amistad, la belleza, el sentido de pertenencia al mundo... todo esto
se obtiene por otros métodos; no por el trabajo, sino ---paradójicamente---por
el ocio, dejando que las cosas sean y sucedan.
Es
por ello que, bien mirado, el dinero constituye una estafa existencial por
partida doble: nos roba el presente y nos devalúa el futuro.
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