EL PROBLEMA DE LA MUSICA ESPAÑOLA.
"El problema de la música española".
En su libro
“Iberia”, James A. Michener se interesa, además de tantas otras cosas, por lo que él llama “el problema de la música
española”. Es decir, a qué se debió ---tras un período de esplendor, en los
siglos XVI y XVII---el eclipse de la música culta española en el XVIII, seguido
de una pronunciada decadencia en el XIX (y una recuperación parcial en el XX). Michener
se pregunta por qué los músicos españoles, teniendo a su disposición un
material sonoro de gran calidad en su folklore, no lo aprovecharon para
componer grandes obras de cámara y sinfonías, como hicieron en sus respectivos
países autores como Dvorak, Brahms y Tchaikovski, conformándose con obritas
pintorescas de poca monta, o a lo sumo con zarzuelas (no óperas).
Hay una
explicación---que huele a “materialismo histórico”---, según la cual los
compositores españoles no componían obras sinfónicas porque en España no había
muchas grandes orquestas, a diferencia de Alemania, Francia, Italia, Bohemia o
aún Rusia. Otra explicación, más psicológica, dice que el auditor español “no
está hecho” para obras ambiciosas y de largo aliento---las cuales, seguramente,
serían “demasiado intelectuales” para él.
Ambas
explicaciones pueden ser verdaderas, pero no van al meollo del asunto. A mi
juicio, éste tiene que ver con la decadencia generalizada de España después del
siglo XVII. Todos sabemos que en esa época el país se quedó en una etapa medieval de la
cultura, negándose a entrar en la modernidad (salvo en los aspectos más
superficiales de ésta). En el caso de la música, ésta fue grande mientras
floreció al alero de la Iglesia y se alimentó de la religión católica. Cuando
ésta se debilitó (no políticamente, sino en su esencia), también lo hizo la
música. En cuanto a su relación con la música “europea”, en el resto de Europa
ya en el siglo XIX la religión había dejado de ser una fuerza motivadora para los intelectuales, incluidos los
músicos. (Es un aspecto crucial de la modernidad que la cultura, a partir de
1600, se va volviendo cada vez más profana.) De modo que los creadores
españoles tampoco podían hallar allí una fuente de inspiración. La ideología
romántica, representada por Wagner y por su admirador Nietzsche---anticristiana,
o indiferente al cristianismo en el mejor de los casos---, no decía nada (al
menos, nada bueno) a los músicos españoles. De aquí que, al agotarse las
esencias de la antigua cultura hispano-católica, los compositores recurrieron
al folklore, pero quedándose en el pintoresquismo, y al margen del desarrollo
de las “grandes formas” de la Europa central.
Los
españoles a menudo mencionan a Felipe Pedrell como al “restaurador” de la música
española en el siglo XIX, pues fue un gran propagandista de la música
“nacional” española, a imitación de, digamos, Dvorak o Liszt, y fue, además,
maestro de los principales compositores españoles de la segunda mitad del siglo
(Albéniz, Granados, Falla). Michener, por el contrario, lo considera “el genio
maligno” de la música española, al dirigir a los músicos hacia el
pintoresquismo folklórico---alejándolos, por tanto, de la “gran música
sinfónica”---. Yo creo, por el contrario, que Pedrell no fue ni tan favorable
ni tan nocivo para el movimiento musical español. La música española habría
seguido el camino que siguió ---y del cual la rescató Manuel de Falla--- con o
sin Felipe Pedrell.
Comentarios
Publicar un comentario