ACERCA DE LA REVOLUCION.

 

Acerca de la “revolución”.

 

   El error histórico de muchas naciones “atrasadas” (en relación al capitalismo, se entiende) ha consistido en querer quemar etapas, pasando de una sociedad agraria y feudal (con categorías sociales y políticas propias del feudalismo) a una plenamente socialista. Las que lo han hecho así, han terminado en la ruina económica y moral (como en Europa del Este, donde hoy, con razón o sin ella, no quieren oír hablar de socialismo).  

 

   Las razones que se oponen al buen éxito de semejante empresa son muchas. He aquí algunas:

i)               La mentalidad del campesino, quien, servil y falto de iniciativa en presencia del “patrón”, está deseoso de reemplazarlo en su ausencia; sin embargo, como  ignora  que los privilegios del patrón conllevan responsabilidades, no está dispuesto a hacerse cargo de éstas. Además, cada uno quiere ser dueño absoluto de su pedazo de  tierra, sin ningún espíritu solidario.

ii)             La mentalidad  servil del campesino se extiende también a todo ámbito laboral, en especial a las oficinas públicas; el resultado es la ineficiencia: “ellos [los gobernantes] simulan gobernar, y nosotros simulamos trabajar”.

 

   El necesario cambio de mentalidad, a una que estime el “trabajo bien hecho”  (sea “profesional” o no) como manifestación de valía personal de quien lo ejecuta,  sólo  es posible tras un paso prolongado por un sistema capitalista. Aún a riesgo de parecer “derechizante”, debo estampar mi convicción de que ---al menos para países como los nuestros de América Latina--- la ruta hacia una sociedad más justa pasa por el capitalismo; pero un capitalismo “bien hecho”, es decir, con todas las características que ha llegado a tener en las democracias occidentales. (En realidad, creo que nosotros deberíamos recorrer el mismo camino trazado por estas democracias.) Querer “quemar etapas”---generalmente por la vía armada--- es querer correr antes de saber caminar. Por otro lado, las soluciones de fuerza no solucionan nada, y suelen ser contraproducentes, porque en nuestros países las “reacciones de fuerza” suelen ser más fuertes que las acciones. 

 

   La conclusión, aparentemente desalentadora, es que ---por dar algunos ejemplos emblemáticos--- la “revolución chilena” de Allende y la “revolución continental” que pretendía llevar a cabo el Che Guevara fallaron por prematuras e incautas, y la “revolución” cubana  de Fidel Castro, aunque aparentemente exitosa, no ha logrado aún todo lo que  se propuso en su momento, faltándole notoriamente una de sus metas principales: enseñar al pueblo cubano ---que no ha conocido más que brevísimos períodos de independencia--- a gobernarse por sí mismo.   

 

   Esta última debería ser la meta de todo gobierno progresista. Esto fue lo que quiso decir Marx (si es que lo dijo): que la meta del Estado es desaparecer, en beneficio del autogobierno. (En realidad, toda institución política o religiosa debería proponerse esta misma meta.) Esto fue también  lo que quiso decir Pedro Aguirre con su famosa sentencia de que “gobernar es educar”... enseñar a los pueblos a autogobernarse.

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