SIMPLICIDAD Y SIMPLEZA.

 

Simplicidad y Simpleza.

  

   Hoy en día se tiende a confundir estas dos palabras, usándolas indistintamente. Sin embargo, si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española, encontraremos que sus significados difieren de manera apreciable. “Simplicidad” es “sencillez, candor”, o bien “calidad de simple, en primera acepción” (es decir, “sin composición”, sin partes). “Simpleza”, en cambio, es “bobería, necedad”.

 

   Admitamos antes que “sencillez o  candor” no es lo mismo que “bobería o necedad”. Lo primero se pierde con el tiempo, y lo segundo no suele perderse. Por otro lado, tenemos la diferencia entre la calidad de “simple” (es decir, el no tener partes) y la bobería. ¿Hay aquí una relación, aunque sea de oposición?  

 

   Ocupémonos en primer lugar del candor o sencillez. Podríamos definirlo como naturalidad, como la capacidad de obrar sin segundas intenciones. Opuestos serían: afectación, doblez, duplicidad (así como lo opuesto de simplicidad es duplicidad o multiplicidad), en una progresión de términos cada vez más reprensibles moralmente.

 

   La relación entre afectación y doblez es clara: el afectado se avergüenza de ser quien es, y trata de ser otro (de otra manera); desdobla su ser en dos partes: el “yo” real y el que quiere mostrar --- que es, presumiblemente, el que él supone que los demás esperan encontrar---. Ésta es una maniobra defensiva, de conformismo social ---casi de mimetismo---, para evitar el ridículo o cualquier otro tipo de confrontación. El afectado lleva, pues, una doble vida; pero lo que suele ocurrir es que termina viviendo en función de su “yo” aparente, de la máscara que se ha puesto (recuérdese el origen latino de la palabra “persona”), de modo que su “yo” real queda relegado al subconsciente y, en la práctica, al olvido.(Sólo a veces los ojos, brillando a través de la máscara, permiten atisbar el interior;  la boca, en cambio, sugiere el engaño.)

 

   Este desdoblamiento lo experimentamos casi todos los seres humanos, y a una edad temprana: alrededor de los diez años, cuando debemos amoldarnos a las convenciones sociales.  El proceso es más grave de lo que parece, porque marca el comienzo de nuestra alienación, de la huida de nosotros mismos. (Casi se diría que éste es el pecado original de la humanidad.)

 

   Son personas sencillas quienes no han experimentado este proceso o han recuperado la unidad perdida de su ser (desechando el yo falso y viviendo del verdadero yo). Estas personas actúan con naturalidad y no les importa obrar a contrapelo de la sociedad si lo creen necesario. Por ello, los “listos”, los afectados, los creen tontos, inhábiles en la “lucha por la vida”; por ello acuñaron la palabra “simpleza”.

 

   Por otro lado, consideremos que la corrupción de un cuerpo es la separación de sus partes. La corrupción de un ser humano puede comenzar, según esto, antes de su muerte, cuando su mente sufre la escisión antes mencionada: de un lado el espíritu o “yo” verdadero, y de otro el alma (por darle un nombre) o “yo” falso. Este último, sin ser nada más que imaginación, se apodera de la mente , suplantando al yo real. Éste es el comienzo de la corrupción.

 

   Por algo decimos de las personas “incorruptibles” que son íntegras, “de una pieza”: porque están enteras en todo lo que hacen o dicen. Quien presenta dos caras, quien habla o actúa con reservas mentales, está comenzando a corromperse. ¡Y cuidado, que esto nos ocurre a todos, en mayor o menor grado!

 

   Demos un paso más. Nuestro yo verdadero se alcanza   por la inmersión en el momento presente, sin recuerdo del pasado ni temor del porvenir, porque el yo verdadero no teme nada, ni tiene nada que defender; él es puro ser, Ser sin más. Asomarse a él es como acercarse a la máquina que nos da la  vida: el yo verdadero es nuestro corazón espiritual, y, por esencia, es simple, es la simplicidad misma habitando en nosotros.  Haciendo silencio en nuestra mente, podemos oirlo decir continuamente: “Yo soy”.

 

   En la filosofía escolástica se dice que Dios es simple; es decir, que no tiene partes. Esta simplicidad esencial de nuestro corazón es el Ser divino que nos da la vida ( “el Dios por quien se vive”, como decía Juan Diego Ixtilxochitl). El pecado original nuestro (no hereditario, pero sí casi inevitable) consiste en huir de esa simplicidad, perderla tempranamente y no recuperarla quizá nunca más. Al hacerlo estamos huyendo de nuestro ser más íntimo, es decir, de Dios.


&&


   La consideración de unas cuantas palabras nos ha llevado muy lejos. No nos sorprendamos, porque el lenguaje --- cualquier lenguaje--- posee profundidades insospechadas. Las mismas que se encuentran en el ser humano --- cualquier ser humano---.


Comentarios

Entradas populares