Poema: Misa en Tiempos de Guerra.
Misa
en Tiempos de Guerra.(*)
(Irak,
2003.)
La
tierra donde se pone el sol
llora
a sus muertos con solemne afán,
pero
sus cantos suenan huecos;
Cristo
ya no canta por su boca,
pues
ella ha olvidado la huella de sus
pies,
y
el humo del incienso se parece demasiado
al
que despiden los ardientes pozos de petróleo.
El
don de los Magos
es
devuelto a ellos en forma de metralla,
y
doce legiones de ángeles observan, atónitas,
a
un Hijo de Hombre que, doliente,
bendice
al mundo en lengua árabe.
Occidente
ignora su propia muerte,
y
nadie, amigo ni enemigo,
le
da a besar una cruz
ni
le señala una estrella.
Tan
sólo yo,
soldado
sin armas,
monje
sin tonsura,
perplejo
habitante del confín de la tierra,
entono
el Réquiem por mi mundo.
Quisiera
que un coro de mil sonidos
se
alojara en mi garganta;
que
la austeridad de los siglos pasados
tornara
a envolverme,
así
fuera por unos minutos,
para
despedir al Oeste con sus mejores galas.
El
tiempo nos da la espalda,
y
Rómulo Augústulo, ciegamente triunfante,
empuña
la tea que inaugurará una larga noche.
Santiago, 2003.
(*) Subtítulo de una Misa de Joseph Haydn.
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