Los
autobuses vacíos.
De
pie tras las rejas de mi jardín
---convertidas,
quién sabe por cuánto tiempo,
en
barrotes de una prisión---,
veo
ir y venir,
con
una prisa inútil,
a
los viejos autobuses.
En
apariencia, son los mismos de antes,
cuando
tú descendías de ellos
para
llegar a mis umbrales;
sin
embargo, ahora pasan vacíos,
llevando
uno o dos pasajeros
y
un aire de melancólica transparencia.
Yo
no puedo dejar de mirarlos
---aun
sabiendo que no veré tu silueta---,
mientras
el mundo se sume en el sinsentido.
Raúl Simón E.
Otoño – invierno
2020.
Comentarios
Publicar un comentario