APUNTES DE HISTORIA DE LA MUSICA MODERNA (1500 - 1900).
APUNTES
DE
HISTORIA DE LA MUSICA MODERNA
(1500-1900).
Raúl
A. Simón Eléxpuru
2006.
Prólogo.
La
música, la más incorpórea de las artes, ligada a las funciones superiores del
espíritu , juega un papel fundamental en toda cultura. En este breve trabajo
nos proponemos pasar revista al desarrollo de este arte en Occidente durante el
llamado período moderno ---posterior al Medioevo y anterior a la Edad
Contemporánea---, evitando en lo posible los términos técnicos, pero sin evitar
los juicios de valor (por subjetivos que sean).
Como
autor, me veo obligado a plantear de entrada ciertos reparos posibles. ¿Cómo
puede--- se dirá--- atreverse a escribir una obra como ésta alguien que no es
musicólogo ni historiador... es más, que apenas puede leer una partitura?
Respondo a esto que no sé leer música, pero sé escucharla; esta última
actividad la he desarrollado en forma sistemática por décadas. A estas alturas,
ya tengo una opinión formada sobre autores y estilos del período histórico del
cual pienso ocuparme. Estas opiniones aparecerán donde corresponda, y no por
ser personales son menos dignas de ser tenidas en cuenta. Quizá el lector las
encuentre taxativas, unilaterales o simplemente extrañas; si es así, puede
prescindir de ellas. También es discutible --- lo advierto de antemano--- la
definición de ciertos géneros musicales. Advierto también que--- salvo las fechas y un par de citas---
todo el texto ha sido escrito de memoria.
R.S.E.
Santiago, enero 2006.
Capítulo I.
El Renacimiento.
En
pintura, el Renacimiento comienza convencionalmente en 1400, con los artistas
florentinos; en música comienza, también convencionalmente, en 1500, y abarca
todo el siglo XVI. La convención quizá se deba a que en este siglo alcanza la
cúspide de su evolución --- técnica y estética--- la polifonía que habían
desarrollado los compositores flamencos en el siglo anterior. La música del
siglo XV todavía nos suena primitiva; la
del XVI, en cambio, tiene la serenidad y
perfección de las obras clásicas.
Si
bien en este período todavía se compone usando los tonos o “modos” propios del
gregoriano --- y numerados en latín; de aquí la persistencia de títulos como
“Missa Primi Toni”, etc.---, se camina claramente hacia el sistema tonal, que
quedará fijado durante el barroco; los músicos ya no se contentan con
entrelazar las voces, sino que buscan dividir el texto en períodos, y cerrar
cada período con un acorde definido.
Los géneros y escuelas.
Los
géneros principales siguen siendo la misa ---con el texto tradicional de la
liturgia católica--- y el motete --- sobre un texto latino, generalmente tomado
de la Biblia---. (La reforma protestante estimula en los países germánicos la
composición de motetes en lengua vernácula, pero el pleno desarrollo de la
música protestante se verá en el período
barroco.)
La
música sacra alcanza altas cotas de
profundidad, recogimiento y expresividad. En este tiempo, la polifonía
flamenca parece agotarse, y el cetro de la música pasa a Italia. Las dos
principales escuelas de la península son:
a)
la escuela veneciana, fundada por el
flamenco Adrián Willaert (c. 1490- 1562) y proseguida por Andrea Gabrielli
(1510-86) y su sobrino Giovanni Gabrielli (1557-1612), músicos de la catedral
de San Marcos.
b)
La escuela romana, ligada a los papas,
apegada a las directrices del concilio de Trento, y muy relacionada con España,
la nueva potencia mundial. Sus principales representantes son un italiano y
tres españoles:
i)
Giovanni Pierluigi da
Palestrina (1525-94), el músico favorito de los papas, introductor de la nueva
simplicidad preconizada por Trento; sus obras son de una serenidad clásica y de una gran elevación. La principal de
ellas es la Missa Papae Marcelli.
ii)
Tomás Luis de Victoria (1548-1611),
sacerdote, natural de Avila ---la ciudad de santa Teresa de Jesús---, trabajó
por cuarenta años en Roma; su música, de gran espiritualidad, es más dramática
que la de Palestrina, ajustándose más al significado de los textos. Sus obras
principales son: Officium Defunctorum y Officium Hebdomadae Sanctae; también es
célebre uno de sus dos Ave Maria. Es notable que sólo compuso música sacra.
iii)
Cristóbal de Morales
(1500-1553), segundo en importancia entre los españoles, y quien también vivió
en Roma, representa a la escuela andaluza;
iv)
Francisco Guerrero
(1527-99), también de la escuela andaluza y autor también de polifonía sacra.
Entre los autores ibéricos
tenemos un puñado de grandes autores --- siendo ésta la época de oro de la
música (y de toda la cultura) española---. Algunos de ellos son:
v)
Antonio de Cabezón
(1510-66), organista, llamado “el Bach español” por la solidez de su
contrapunto;
vi)
Luis Milán (1500-1561),
vihuelista, autor de un libro de piezas para la vihuela, titulado “El Maestro”;
vii)
Diego Ortiz (1500-1571),
autor de un libro de piezas para viola da gamba, titulado “Libro de
Recercadas”(variaciones);
viii)
Francisco Correa de Araujo
(1575-1663), organista, autor de “tientos” para órgano--- a quien quizá
correspondería colocar en el Barroco---.
El
otro centro musical importante fue la Inglaterra isabelina; en la corte de esta
reina se cultivaba el madrigal y la música de laúd y clave. Algunos autores
fueron:
i)
John Bull (c.1562- 1628),
autor de piezas para clave
ii)
William Byrd (1543- 1623),
autor de polifonías sacras sobre textos
latinos
iii)
Orlando Gibbons
(1583-1625), autor de piezas para clave
iv)
John Dowland (1562-1626),
autor de piezas para laúd y de canciones con acompañamiento de laúd
v)
Thomas Morley (1557-1603),
autor de madrigales.
Curiosamente, en esta época, al igual que en España, se alcanza la edad
de oro de la música ( y quizá de toda la cultura) de Inglaterra; en el futuro,
aparte de Purcell, apenas podrá hablarse de escuela musical inglesa.
Francia y Alemania produjeron notablemente poco en este período. De las
tres escuelas históricas, la italiana, la alemana y la francesa, sólo existe la
primera.
Hemos mencionado más arriba a compositores de piezas para clavecín,
viola da gamba y otros instrumentos solistas. Ello se debe a que éste es el
siglo en que la música instrumental se independiza de la vocal (si bien ésta
conserva el predominio en cuanto a prestigio se refiere; las “grandes formas”
de la época son formas vocales). La música formaba parte de la educación de
todo gentilhombre --- recuérdese “El Cortesano” de Baltasar Castiglione---, de
modo que los ejecutantes de laúd, guitarra, vihuela y viola da gamba abundaban,
y en las reuniones de la nobleza y de la burguesía se formaban pequeños
conjuntos instrumentales que ejecutaban melodías conocidas . En consecuencia,
se desarrolló el arte de la transcripción, el de la variación y el de la
improvisación, de un modo parecido a como ha sucedido después con el jazz. Se
hacía música con los instrumentos que se tenían en el momento, adaptándose a
las circunstancias. No importaba que un tema fuera original o ajeno . Muchas
veces el nombre de su autor se olvidaba, importando sólo lo que cada músico
podía hacer con él (los conceptos de “propiedad intelectual” y de “originalidad”
no aparecen hasta el siglo XIX).
Un
pionero de la música instrumental fue
Giovanni Gabrieli, quien inventó un género llamado canzona, para ser tocado en
la basílica de San Marcos por dos grupos de cuerdas o de bronces situados
frente a frente en sendos balcones: música estereofónica.
Las
“recercadas” de Diego Ortiz son ejemplos notables del género variación ---que
en Italia se llama “ricercare”, y en España “recercada” o “tiento”---.
En
Inglaterra, además de las piezas para laúd o clavecín solo ---estas últimas
recopiladas en el Fitzwilliam Virginal Book---, se acostumbraba tocar piezas
para pequeños grupos de violas da braccio y da gamba (“consort of viols”).
Pero
la música profana se desarrolló no sólo por el cauce instrumental, sino también
por el vocal. En este último apartado aparece el madrigal, composición para un
pequeño conjunto vocal ---habitualmente a capella--- sobre un texto profano
---habitualmente un poema amoroso--- en lengua vernácula. Este género nació en
Italia, y de allí pasó a otros países, especialmente a Inglaterra. Autores
notables de madrigales fueron: Luca Marenzio (c.1553-99), Orazio Vecchi
(1550-1605) y Carlo Gesualdo, príncipe
de Venosa (1566-1613 ). Este último (probablemente un desequilibrado) compuso
obras llenas de audaces disonancias,
encaminadas a hacer patentes las alternativas del texto.
Capítulo II.
El Barroco.
El término “barroco” nació en el terreno de las artes plásticas , y
tenía originalmente (en portugués) la connotación negativa de “pequeña perla
deforme”. Comenzó en 1600 y se extendió hasta 1750. En música se utiliza este
mismo término, porque la música de este período tiene ciertas características
propias que veremos más adelante, y que la diferencian del estilo precedente.
Si bien es un arte más rico y ornamentado que el del Renacimiento, no tiene el
carácter “deforme” (arbitrario, más bien) y pesado de cierto barroco pictórico
y arquitectónico. Su desarrollo coincide con la época del absolutismo, y de las
grandes cortes reales y ducales.
Para
efectos pedagógicos, podríamos dividir el período barroco en tres etapas:
i)
barroco primitivo
(1600-1650)
ii)
barroco maduro (1650-1700)
iii)
barroco tardío
(1700-1750).
Características del barroco musical.
Podemos anotar como características generales de este estilo:
a)
Estilo dramático. Poco antes de 1600, un grupo de aficionados florentinos produjo el
primer ejemplar de un género que
cobraría inmensa importancia: “Dafne”, opera
in musica con texto de Ottavio Rinuccini y música de Giulio Caccini, se
estrenó en 1598 en la corte de los Medici. La novedad gustó tanto, que pronto
fue copiada en otras cortes de Italia, como la de Mantua, donde trabajaba
Claudio Monteverdi.
“Dafne” se perdió; la partitura operística más antigua que tenemos es
“Eurídice”, de Jacopo Peri (anterior á 1600). Es ésta una música de rara
belleza, especialmente el “lamento de Orfeo” --- que no es cantado, sino
recitado, con un acompañamiento instrumental mínimo---.
Los aficionados de la “camerata fiorentina” habían pretendido sólo
reconstruir ---según ellos lo imaginaban--- el teatro clásico griego; es decir,
combinar la recitación en lengua vernácula con el canto individual y coral.
Pero lo que resultó fue un género musical totalmente nuevo y con
características propias.
En primer lugar, el canto solista había desaparecido de la música culta
siglos atrás, siendo sustituido por el canto coral --- aún en la música profana
(madrigales)---. En segundo lugar, la nueva forma musical exigía el canto
alternado de varios solistas, los
personajes de la ópera; esto presentó a los músicos el problema de cómo poner
música a textos dialogados, con intervenciones breves de cada solista. Este
problema se resolvería, andando el tiempo, con los “recitativos”.
El nuevo hallazgo de “lo stile rappresentativo” invadió el resto de la
música vocal, desbordándose hacia el madrigal, y creando géneros nuevos: la
cantata y el oratorio, los cuales, si bien carecen de representación escénica,
tienen la estructura dramática de la ópera. Es por esta importancia de lo dramático --- que se observa aún en la
música instrumental--- que calificamos al barroco de período “teatral” o
“dramático”. (En realidad, el teatro como metáfora de la vida humana es un lugar
común de la época; piénsese en “El gran teatro del mundo” de Calderón.)
b)
Carácter aristocrático. Es típico del barroco
musical cierto aire solemne, envarado y aristocrático, que sólo se percibe
escuchándolo. El paso de la cultura musical de las iglesias a los palacios ya
se había producido en el Renacimiento, pero durante el Barroco la vida
cortesana adquirió gran empuje, y este tipo de vida requería música para
celebrarse a sí misma. Los mismos reyes y nobles ejecutaban y hasta componían
música (piénsese en Federico II de Prusia y en Felipe de Orléans, regente de
Francia).
Los plebeyos acomodados – los burgueses--- también producían y consumían
música; pero toda la música del período llevó la impronta de las clases
privilegiadas, nobleza y clero, en especial la primera.
c)
Perfección del
contrapunto. Una característica muy relacionada con la
anterior (aunque no lo parezca) es la gran perfección que alcanzó el
contrapunto ---es decir, el contraste de las voces---. Si bien esta
característica es heredada de la polifonía renacentista, quien la lleva a su
culminación es Johann Sebastian Bach. El
desarrolla, no sólo el entretejerse de las voces, sino también una
armonía moderna, basada en el sistema tonal; ambas propiedades constituyen la
base de la música instrumental moderna.
d)
Armonía moderna. Como acabamos de decir, en el Barroco alcanza su forma adulta la
armonía tonal moderna, gracias
especialmente a Johann Sebastian Bach y
a su obra “El clavecín bien temperado”, que contiene un preludio y fuga para
cada tonalidad mayor y menor.
e)
Autonomía de la música
instrumental. Si bien, como dijimos más arriba, la música
instrumental comienza a desligarse de la vocal en el Renacimiento, será durante
el Barroco que alcancen su plena madurez la mayor parte de las formas
instrumentales modernas: la tocata, la suite, el concierto y la sonata.
Nuevos géneros.
Lo
novedoso del barroco se manifiesta primeramente en la música vocal, dando
origen a tres nuevos géneros musicales: la ópera, la cantata y el oratorio.
Podríamos quizá definir la ópera como “una obra dramática cantada” (y no
sólo con música incidental, como sucedía con las obras de Shakespeare o las del
teatro clásico español). Aquí el canto solista forma parte integral del espectáculo,
el cual requiere, para ser completo, de una representación escénica. Es éste,
por lo tanto, el género musical más complejo --- ya que el compositor debe
saber componer para orquesta, coro y voces solistas y, además, atender la parte dramática y psicológica --- pero el espectáculo completo es
una obra colectiva de libretista (a cargo de la parte literaria), compositor,
cantantes solistas, coro, orquesta, director, régisseur, etc.
Alrededor de 1600, san Felipe Neri fundó en Roma la Congregación del
Oratorio. Estos religiosos ---quizá el mismo fundador---, viendo el auge de la ópera, decidieron que,
para mantener la piedad de las gentes,
bien podía crearse una especie de “ópera sacra”, sin representación
escénica; nació así el oratorio, género típico de la Contrarreforma, que pronto
cruzó las fronteras confesionales y fue llevado a los países protestantes.
Por
último, también en esos años nace la cantata, que podría caracterizarse como
una “composición para voces solistas ---con acompañamiento instrumental---, con
o sin coro, sacra o profana”. Cuando el tema es religioso, el texto es
meramente contemplativo (como en las de Johann Sebastian Bach); cuando el tema
es profano, suele haber personajes que dialogan y cantan en forma alternada, en
lengua vernácula.
En
la música instrumental, aparecieron o se perfeccionaron varios géneros. En
primer lugar, la tocata (aunque el término ya existía en el Renacimiento),
pieza libre de carácter improvisatorio para un instrumento solista --- que
puede ser el clavecín , el órgano, la guitarra/vihuela/laúd, o la viola da
gamba---. En segundo lugar, la sonata, obra en tres o cuatro movimientos, para
uno o dos instrumentos, más el “ bajo
continuo” --- conjunto de cello o fagot , más clavecín u órgano---, invención
típicamente barroca, que sirve como soporte armónico. En la sonata barroca
madura se observa la preocupación por exponer y desarrollar un tema en cada
movimiento.
“Partita” es el nombre italiano de la suite (ver, por ejemplo, las
Partitas de Bach). Esta última, de origen francés, contiene una obertura y una
sucesión ---“suite”--- de danzas más o menos estilizadas. La instrumentación es
arbitraria, pudiendo ir desde un solo
instrumento hasta toda una orquesta. El nombre partita se reserva para cuando
hay pocos instrumentos.
El
“concerto” tomó en Italia dos formas: en la primera, el “concerto grosso”,
predomina el “tutti” (la orquesta completa) sobre los “soli”. La segunda, el
“concerto a solo”, contiene uno o dos instrumentos solistas que dialogan con la
orquesta. El concerto grosso se extinguió con el Barroco (la sinfonía, que
podría haber evolucionado a partir de él, tiene otro origen); la otra forma de
concerto llegó a ser el “concierto” propiamente dicho, que continuará hasta el
siglo XX.
Música católica y música protestante. La escuela
nortealemana.
Como es natural, la diferencia entre la
música católica y la protestante se observa sobre todo en el campo de la música sacra. Lutero reemplazó
la liturgia latina por una en lengua vernácula, e inauguró una nueva forma
poético-musical que llegaría a ser característica del Norte de Europa: el
coral. La idea del coral era que lo cantara toda la congregación, no sólo un
grupo selecto de monjes, canónigos o coristas; por ello, su melodía es simple,
fuertemente apegada al ritmo del verso.
La cantata sacra y el oratorio se cultivaron
a ambos lados de la frontera religiosa, en latín entre los católicos y en
alemán entre los protestantes.
La música de iglesia incluye
también la de órgano --- la cual, no por ser puramente instrumental, deja de
ser religiosa---. Por razones poco claras, la música de órgano se desarrolló
mejor en el Norte que en el Sur de Europa, siendo Francia---como siempre--- un
término intermedio. En el Norte el género favorito de los organistas y
compositores fue el coral, con y sin
variaciones. También la fuga (sola, o
precedida de una tocata o de un preludio) , género iniciado en Italia, alcanzó
su madurez en Alemania . Principales maestros de la escuela organística
nortealemana fueron: Jan Pieterszoon Sweelinck (1562-1621), Samuel Scheidt
(1587- 1653), Mathias Weckmann (1616-74), Heinrich Scheidemann (c.1595-1663),
Nikolaus Bruhns (1665-97), Johann Adam Reinken (1623-1722), Vincent Lübeck (c.
1654- 1740), Franz Tunder (1614- 67) y, muy especialmente, Dietrich Buxtehude,
quien ya anuncia a J.S. Bach en el órgano y en la composición de cantatas.
Música dramática y música “pura”.
Como hemos dicho, el barroco
se caracteriza por su tendencia a lo
dramático ---no a lo “melodramático”, en el mal sentido, sino a mostrar el
contraste entre dos o más “personajes” (sean éstos voces solistas, instrumentos
solistas o un instrumento y una orquesta)---. Vemos que el carácter dramático
puede coexistir con la música puramente instrumental, al igual que la
tendencia, más antigua, a reproducir en los instrumentos sucesos de la
naturaleza: la llamada música “descriptiva” o “programática”. (Esta última
tendencia, algo infantil y superficial, ha existido desde siempre, y ha continuado
hasta 1900.)
Frente a este tipo de música,
de inspiración extramusical, apareció en el barroco una escuela de autores de
música instrumental “pura”, sin
referencia a nada externo, ni siquiera a la danza. Estos autores se dedicaron a
perfeccionar el lenguaje de sus respectivos instrumentos, alcanzando una gran
profundidad expresiva y contemplativa; es el caso de la familia Hotteterre
(flautistas), de Marin Marais (1656-1728) y del Chevalier de Sainte-Colombe
(viola da gamba) en Francia, Domenico
Scarlatti (clavecín) en Italia, Silvius Leopold Weiss (1686-1750) (laúd) en
Alemania, etc.
Las tres grandes escuelas.
El predominio musical de
Italia venía del Renacimiento, época en que la península le arrebató el cetro a
Flandes; pero se afianzó durante el Barroco. La ópera ---y con ella el “stile
rappresentativo”, es decir, el carácter dramático de la música--- se originó en
Italia y desde allí se extendió por Europa, junto a sus géneros derivados, la
cantata y el oratorio. En la música instrumental, el impulso también provino de
Italia, con autores como Girolamo Frescobaldi, gran organista y clavecinista.
Los músicos de allende los
Alpes comenzaron a peregrinar a Italia para aprender el nuevo estilo. De entre
ellos destaca Heinrich Schütz, quien en Venecia estudió con Giovanni Gabrieli y
con Monteverdi. Schütz llevó a Alemania el estilo vocal del Barroco italiano
naciente, adaptándolo a las necesidades del culto luterano. Toda su producción
es vocal y, en su mayor parte, religiosa; él fue pionero del oratorio alemán,
especialmente en su forma de Pasión .
Se llama a Schütz “padre de la música alemana”; con él comienza
la escuela alemana de música, que después, en el Norte, alcanzará personalidad
propia. Durante todo el Barroco irá desarrollándose esta escuela, afirmando su
identidad frente a las escuelas italiana y francesa, aunque muy influida por
ellas. Otros iniciadores de esta escuela fueron: Samuel Scheidt, Johann Hermann
Schein (1586-1630), y Jan Pieterszoon Sweelinck.
La escuela francesa nace con Marc-Antoine
Charpentier (1645 ó 1650-1704) , quien viajó a Roma para estudiar con Giacomo
Carissimi (1605-74), y llevó de vuelta a Francia el arte de componer oratorios
latinos. Gianbattista Lulli---convertido en
Lully--- (1632-87) fundó la ópera francesa, adaptando la melodía a las
cadencias de este idioma. El estilo francés, muy diferente al italiano, se
desarrolló en forma casi insular, con armonías propias --- que a oídos
italianos parecían disonantes--- y con un modo muy propio de conducir el canto
--- que a oídos italianos parecía poco “cantabile”---, sin arias, pero
insinuando solamente las melodías. (Hasta el día de hoy, el Barroco francés
constituye un gusto adquirido, más satisfactorio en la corriente instrumental que
en la vocal.)
Estas son las tres grandes
escuelas del Barroco, y de toda la música moderna: la italiana o “iniciadora”,
la francesa o “disidente”, y la alemana o “sintetizadora”. Todas las demás
escuelas girarán en torno a éstas: la española en torno a Italia, y la inglesa
en torno a Francia.
Escuelas marginales.
En el resto de Europa
occidental también se componía música de estilo barroco, pero estas escuelas
locales son más bien provincianas e inspiradas, ya en Italia, ya en Francia. (Además,
hasta ahora han sido muy poco conocidas, de modo que la pretendida pobreza de
algunas de ellas puede ser más bien un efecto de nuestra ignorancia.)
De estas escuelas locales,
quizá la más importante es la inglesa. Inglaterra produjo en esta época un
compositor de talla mundial: Henry Purcell (1659-95). A él debemos la inmortal ópera “Dido y Eneas”,
además de trozos de otras óperas (más bien música incidental) como “Rey Arturo”
y “La reina de las hadas”; suites para
clavecín, música para “consorts” de violas, etc. Otros autores notables son:
John Blow (1649 – 1708), Jeremiah Clarke (c.1674-1707), John Stanley (¿-¿),
John Hebden (1712-65) y William Boyce (1711-79).
El Barroco hispánico está
recién descubriéndose, en sus vertientes peninsular y americana.
Estilísticamente, procede de Nápoles y de la liturgia vaticana. Podemos
mencionar a Juan Bautista Cabanilles (1644-1712), organista, llamado por
algunos---al igual que Cabezón--- “el Bach español”, y a Doménech (Domingo)
Tarradellas (1713-51), compositor de óperas que pasó casi toda su vida en
Nápoles. En América, las misiones jesuíticas de Paraguay fueron centros
musicales de primer orden, donde se trasladó a América todo el arte compositivo
europeo; el autor más notable de esta escuela es el hermano jesuita Domenico
Zipoli (1688-1726), florentino, autor de importantes obras para órgano y para
clavecín, quien murió en Córdoba (Argentina). Otro italiano, Domenico Scarlatti
, sería muy importante en España, como veremos.
La escuela de los Países Bajos
produjo la familia Loeillet de compositores belgas; además de ellos, están:
Pieter Hellendaal (1721-99), discípulo de Locatelli , y Willem de Fesch
(1687-1761), quien tocaba el “violone” en la orquesta que formó Haendel en
Londres.
Propagación del estilo
italiano por Europa.
El estilo barroco italiano ---
sobre todo el “stile rappresentativo”, propio de la ópera y del oratorio---
constituyó una novedad avasalladora, que cruzó los Alpes y se extendió, con
mayor o menor facilidad, por el resto de Europa. Donde encontró mayor
resistencia fue en Francia, donde, al parecer, se concebía de otra manera el
arte vocal ---dada la cadencia diferente del idioma francés---. (Allí también
se concebía diferentemente la armonía y la orquestación, de modo que la escuela
francesa evolucionó en gran medida de manera aislada.)
La ópera tardó casi cien años
en ser adoptada---y adaptada--- por los franceses; pero en el resto de Europa
fue muy bien recibida, aún en su idioma original, el italiano. Varios compositores
italianos emigraron a España, a Inglaterra, a los Países Bajos o a tierras
alemanas, para animar la vida musical de las respectivas cortes. Algunos de
ellos fueron:
i)
Salvatore Felice dall’Abaco (¿-¿), autor de concerti
grossi; trabajó en Münich.
ii)
Pietro Locatelli (1695-1764), virtuoso del violín,
autor de conciertos para este instrumento y de concerti grossi que representan
la fase tardía de este género; fue discípulo de Corelli y trabajó en Holanda.
iii)
Domenico Scarlatti (1685-1757): hijo de Alessandro
Scarlatti, marchó a España, donde compuso las 555 breves “sonatas” para
clavecín que le dieron fama. Posee un estilo intimista, más cerca del rococó
que de la solemnidad barroca.
iv)
Francesco Geminiani (1687-1762): discípulo de
Corelli, se dedicó ---al parecer--- exclusivamente a la música instrumental.
Sus concerti grossi representan la madurez de este género. A su paso por París,
compuso lo que parece ser su única obra para la escena: el ballet “El bosque
encantado”, en el cual adopta sorprendente y exitosamente el estilo francés.
Desarrolló la mayor parte de su vida artística en Inglaterra e Irlanda.
Los grandes.
Los mayores autores de este estilo se agrupan principalmente en los
períodos primitivo y tardío. Ellos son los que siguen.
i)
Claudio Monteverdi (1567-1643).
De este autor ya hemos
hablado. Nació en Cremona --- la ciudad
de los violines exquisitos--- , y estudió composición con Marcantonio Ingegneri
(compositor renacentista, autor de importantes obras sacras). Comenzó su producción
musical al servicio del duque de Mantua, componiendo madrigales (ocho libros de
ellos, en total), en los cuales llaman la atención sus audaces armonías. A instancias
del duque, y animado por la aparición de la favola
in musica “Eurídice” de Jacopo Peri, compuso en 1607 “Orfeo”, su primera
obra maestra en el género operístico; luego compuso “Ariadna” (hoy perdida,
salvo el hermoso “lamento”) ,”El retorno de Ulises” y la cantata con textos del
Tasso “El combate de Tancredo y Clorinda”. El final de su vida lo pasa en
Venecia, donde estrena su última ópera, “La coronación de Popea” ; luego enviuda, se ordena sacerdote y, en su
calidad de maestro de capilla de San Marcos, compone excelente música sacra. En
este dominio, su obra principal son las “Vísperas de la Beata Virgen”, que
sigue el orden del oficio de Vísperas solemnes: un himno, varios salmos, un
responsorio, un Magnificat y un Paternoster (más algunos agregados marianos).
Esta música, solemne, brillante --- y algo primitiva para oídos modernos--- conserva
cierto aire operístico.
Podemos decir que Monteverdi
fue el iniciador genial de la ópera y de la música sacra barrocas en el estilo
italiano. (No fue el “padre de la música italiana”; ese título corresponde,
quizá, a Palestrina.)
ii)
Heinrich Schütz (1585-1674).
Nacido en Sajonia, fue becado
por el landgrave de Cassel para estudiar música en Venecia. Allí se hizo
discípulo de Monteverdi (a quien más adelante calificaría de scharfsinnig: ingenioso). Con él
aprendió a componer madrigales y óperas ; de hecho, sus primeras obras son: la
ópera “Dafne” (hoy perdida) y un libro de madrigales con texto italiano.
Pero su destino estaba en la
composición de música sacra (protestante) en lengua alemana. A lo largo de su
carrera, en Alemania y Dinamarca, compuso: cuatro Pasiones (la “Pasión” es un
oratorio que narra la pasión de Cristo, siguiendo el texto evangélico), un
Oratorio de Pascua, un Oratorio de Navidad, “Symphoniae Sacrae” (pequeñas
cantatas o motetes), “Salmos de David”
(más motetes), “Musikalische Exequien” (especie de “Requiem Alemán”), etc. De
estas obras, las más profundas son las Pasiones y las Exequias; la más amable,
el Oratorio de Navidad, donde hay verdaderas arias --- cantadas por el ángel,
por Herodes, etc.--- , con un exquisito acompañamiento instrumental.
A Schütz se lo llama, con
justicia, “padre de la música alemana”. El, con su profunda espiritualidad,
inicia este estilo, cargado de gravedad, de piedad y de recogimiento, que
culminará en J.S. Bach.
(Es curioso comparar los
retratos de Monteverdi y de Schütz. En el primero vemos a un hombre maduro de
aspecto inteligente, en la plenitud de su inventiva, inclinado sobre su mesa de
trabajo, como queriendo adueñarse de ella.
El segundo es un anciano de expresión
humilde y rasgos finos, que
parece estar preparándose a retirarse del mundo.)
iii)
Francois Couperin (1668-1733). Pertenece al
barroco “maduro”. Es autor de: suites ---llamadas “Ordres”--- para clavecín
; “Concerts Royaux” para pequeño
conjunto instrumental; las “Lecons de ténèbres” (liturgias de Semana Santa) ; y
las suites orquestales “Apoteosis de Lully” y “Apoteosis de Corelli” , donde
caracteriza --- y trata de unificar---
los estilos francés e italiano. Su obra más profunda y recogida son las “Lecons
de ténèbres”. Couperin representa la cúspide del barroco francés, por su finura
y delicadeza. En lo personal, fue un hombre de vida tranquila, que no se movió
de París; él --- al igual que muchos de sus antepasados y descendientes---
ostentó el cargo de organista de la parroquia de Saint Gervais de esta capital.
iv)
Johann Sebastian Bach (1685-1750).
Este autor
procedía, como sabemos, de una familia de músicos, de manera que recogió en sí
mismo todo el acervo musical alemán que
venía desde Schuetz por lo menos. En su juventud fue ávido copista de partituras italianas y francesas, llegando
a dominar ambos estilos; por otro lado, absorbió de su ambiente el estilo
luterano de música sacra y de órgano. Su obra representa la síntesis de estilos
y la mayor cumbre del Barroco, por su perfección y profundidad.
Podemos dividir su carrera,
así como su obra, en tres etapas:
a) Período de Weimar, dedicado de preferencia a la música de órgano; de
esta época data la famosa Tocata y Fuga en Re menor (cuya autenticidad es
dudosa).
b) Período de Köthen, al servicio del duque Johann Ernst de
Anhalt-Köthen; aquí predomina la música profana, preferentemente instrumental.
De este período son: las cuatro suites para orquesta (existe una quinta suite,
para cuerdas, que se le atribuye; pero esta atribución es dudosa); los
conciertos para uno o más clavecines, para uno y para dos violines, y para
flauta, violín y clave; las seis sonatas para violín y clave, las sonatas para
flauta y clave, las suites “inglesas” y “francesas” para clave, etc.
c) Período de Leipzig ,
dedicado principalmente a componer cantatas (una a la semana) para la iglesia
de Santo Tomás ; hay un total de 225 cantatas sacras para todo el año
litúrgico. Seis de éstas las agrupó para formar el Oratorio de Navidad; una más
constituye el Oratorio de Ascensión, y existe también el Oratorio de
Pascua. Bach compuso además cuatro
Pasiones, de las cuales quedan dos: una según San Mateo y una según San Juan.
También datan de este período la Misa en Si Menor, obra monumental sobre el
texto latino tradicional, y varias Misas Breves (sólo con Kyrie y Gloria). En
todas estas obras campea un sentimiento religioso profundo y austero. En Leipzig Bach compuso, además, sus obras
instrumentales más abstractas y difíciles: las seis suites para violoncello
solo; las tres suites y tres sonatas para violín solo; “El clave bien
temperado” ---conjunto de 48 preludios- y- fugas, con las cuales fijó el
sistema tonal---, “El arte de la fuga” y “La ofrenda musical” . Estas dos
últimas obras constituyen su testamento musical; están escritas en partitura
abierta ---sin especificar la instrumentación---, y son ejemplos insuperables
del arte docto de la fuga y del arte, no menos docto, de la variación. La
última de ellas está basada en un hermoso tema que le fue propuesto a Bach por
el rey músico Federico II el Grande de Prusia , en la única visita que efectuó Bach a su corte en Potsdam.
Bach representa la culminación
del estilo italiano, con su carácter “concertante” y contrapuntístico; del estilo francés, con sus danzas
estilizadas y ornamentadas; y, por
último, del estilo luterano alemán, con sus corales y su general gravedad. Con
él muere el gran Barroco; sus hijos seguirán el “estilo galante”.
v)
Georg Friedrich Händel (1685-1759).
Nació en Halle, y estudió
música contra la voluntad de su padre, quien quería que fuera abogado. Su
primer maestro fue Friedrich Wilhelm Zachow, organista en Halle. Al no obtener
un trabajo en esta ciudad, Haendel marchó a Hamburgo ---donde compuso algunas
óperas---, y luego a Italia. En Italia entró en contacto con los principales
compositores del país, y estrenó algunas obras destinadas a causar buena
impresión entre ellos, como, por ejemplo, la cantata “Dixit Dominus” sobre el
salmo 109. Luego vuelve a Alemania, trabajando en la corte de Hannover; en
1712, abandona Hannover sin previo aviso, y se establece en Londres, ciudad que
será la de su consagración definitiva.
Así como J.S. Bach aborda la
composición con un criterio básicamente instrumental, podemos decir que Haendel
es un compositor esencialmente vocal. Su mayor interés está en la música vocal;
más aún, en la música dramática, vale decir: en la ópera y el oratorio.
Podemos dividir su carrera londinense
en dos etapas: la primera, dedicada a la ópera italiana, y la segunda al
oratorio. Las óperas de Haendel siguen el canon establecido en el siglo XVII
por maestros como Alessandro Scarlatti: obertura, alternancia entre recitativos
y arias, y un coro final; a veces se intercala música de ballet. El valor de
estas obras no reside en una estructura novedosa, sino en la belleza de las
melodías, en la fina instrumentación y, sobre todo, en el gran refinamiento
vocal, en todo lo cual Haendel supera ampliamente a cualquiera de los
italianos. (De hecho, Haendel, “el sajón”, es el mejor representante de la
escuela italiana.) El carácter aristocrático del Barroco encuentra aquí su
mejor expresión.
Sus óperas más conocidas
son: “Julio César”, la más conocida ---
que a la belleza de su música une el interés histórico--- , “Sosarmes”,
“Rodelinda”, “Jerjes” y, por último, “Alcina”, la más mágica ---no por ser su
protagonista una maga, sino sino por el carácter etéreo de la música---.
Cuando el público inglés
comenzó a perder el interés por la ópera italiana, Haendel, con gran astucia
comercial ---hay que hacer notar que él era su propio empresario---, derivó
hacia el oratorio, en lengua inglesa y sobre temas bíblicos. Aquí se observan
las mismas cualidades que en sus óperas, pero en un contexto más austero.
Los principales oratorios son:
i)
“La Resurrección”, oratorio italiano de 1708;
ii)
“El Mesías”, su primer gran éxito, con textos
bíblicos, principalmente de Isaías y de
san Pablo; es una obra de orquestación discreta--- casi exclusivamente
cuerdas---, que ha eclipsado injustamente
a las demás del género ;
iii)
“Israel en Egipto”, con un predominio aplastante del
coro, que representa al pueblo israelita ; aquí también el texto es bíblico,
del Exodo y Deuteronomio;
iv)
“Sansón”, “Saúl”, “Baltasar”---una de sus mejores
obras---, “Judas Macabeo”, “Josué”, “Susana”, “Salomón”, “Teodora”---obra de
gran delicadeza, inspirada en el martirologio cristiano---, y “Jefté”.
Otras obras extensas, mal
llamadas oratorios --- debería llamárseles más bien cantatas---son: “Apolo y
Dafne” (en italiano), “Acis y Galatea” (en inglés), “Semele”, “L’allegro ed il
pensieroso” (sobre textos de Milton), “El festín de Alejandro”---obra vigorosa,
de fuertes contrastes---, y la “Oda a Santa Cecilia”, que contiene referencias
a la obra de Purcell del mismo título ---especialmente el aria de tenor con
trompeta obbligata---.
La producción instrumental de
Haendel es menor en cantidad y en importancia. Lo principal de ella es: quince
sonatas (opus 1) para flauta, nueve suites para clavecín , seis conciertos para
oboe, doce concerti grossi (opus 6)---que representan la culminación del
género---, doce conciertos para órgano, y las suites para gran orquesta “Música
del agua” y “Música para los reales fuegos de artificio” , compuestas según el
estilo de la ouverture francesa.
v)
Antonio Vivaldi (1678-1741).
Nacido en Venecia, Vivaldi
estudió composición con Legrenzi ; después ---ya ordenado sacerdote---fue
director musical del Ospedale della Pietà , un orfanato de niñas. Allí pudo
experimentar a su gusto con toda clase de formaciones instrumentales novedosas,
produciendo más de doscientos conciertos solistas para violín, viola d’amore, violoncello, laúd, mandolina,
trompeta, corno, flauta, flautín, oboe, fagot, etc..., y las combinaciones de
éstos.
Ha sido apreciado
principalmente por sus conciertos --- aunque también se ha dicho (injustamente)
que, en vez de componer 200 conciertos, compuso 200 veces el mismo
concierto---; éstos poseen gran lirismo, invención melódica y originalidad,
pero a veces caen en la tentación del virtuosismo. A nuestro juicio, lo mejor
de Vivaldi no está aquí, sino en su música sacra: en sus cantatas sobre textos
de los salmos, en su famoso Gloria (¿parte de una gran misa perdida?), y, sobre
todo, en su oratorio “Judith Triumphans”, obra notable ya desde su rítmico coro
inicial.
En su calidad de virtuoso del
violín, Vivaldi viajó por toda Europa, y murió casualmente en Viena --- antes
de que esta ciudad fuera el gran centro musical que sería después---.
Vivaldi también compuso
sonatas tríos y varias decenas de óperas. Estas últimas aún no se conocen en
detalle, y su calidad no sobrepasa el promedio de la época --- un promedio,
convengámoslo, bastante alto---.
Pese a cierta superficialidad,
Vivaldi es el más completo de los compositores barrocos italianos, combinando
perfección y fecundidad creativa.
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En las secciones que siguen,
pasaremos revista a los principales géneros musicales típicos del Barroco,
algunos de los cuales subsistieron hasta el siglo XX.
El concerto grosso.
Este género, que murió con el
Barroco ---pese a ciertos intentos por revivirlo en el siglo XX---, se puede
describir como “una obra para orquesta de cuerdas y bajo continuo --- cello más
órgano o clavecín--- formada por al menos tres --- pero a menudo más ---
movimientos, en los cuales ocasionalmente intervienen algunos instrumentos
solistas”. Los solistas --- dos violines, y a veces también un
violoncello--- forman el llamado
“concertino”, y el grueso de la orquesta se llama “tutti”. Gran parte del
encanto de esta forma musical proviene de la alternancia entre concertino y
tutti (pero hay que advertir que ésta no
es tan sostenida e insistente como en la
forma concerto a solo , también
aparecida en este período).
El concerto grosso apareció en
el Barroco maduro ---1650 á 1700---, y se inició con Arcangelo Corelli
(1653-1713), Giuseppe Torelli (1658-1709) y Alessandro Scarlatti (1660-1725).
Corelli --- cuyo Opus 6 es referencia obligada en el género--- es el principal
de estos autores (pese a lo cual, opinamos que ha sido algo sobrevalorado). La
mayoría de sus concerti , sin embargo, constan de un número excesivo de
movimientos muy breves y poco desarrollados (sobre todo los lentos) ; una
excepción notable es el concerto Opus 6 número 6 , llamado “de Navidad”, obra
maestra en el género. Torelli incluye menos movimientos y los elabora más; A.
Scarlatti desarrolla poco, e introduce
instrumentos de viento (flauta, trompeta).
La madurez del concerto grosso
se alcanza en el Barroco tardío (1700 á 1750), con autores como Manfredini
(1684-1762), Geminiani ---discípulo de
Corelli--- , Vivaldi y Albinoni (quienes, aunque no cultivaron mucho el género,
produjeron ejemplares notables); Johann David Heinichen (1683-1729) (cuya obra
se está redescubriendo en este momento), quien también introduce flautas y
oboes; Haendel –cuyo Opus 6, tan
magistral como el de Corelli, constituye un homenaje a él---; Pieter
Hellendaal y Pietro Locatelli ,
discípulo también de Corelli. Sin embargo, quizá el mejor ejemplo de concerto
grosso lo constituyen los Conciertos Brandenburgueses números 3 y 6 de J.S.
Bach.
En este período, lo
característico del concerto grosso es el sabio tratamiento de las cuerdas,
sensual unas veces (en los adagios), incisivo otras (en los allegros) ; el uso
ocasional de ritmos de danza y de pasajes fugados.
La decadencia del género se
produce cuando los compositores
comienzan a deslizarse peligrosamente por la pendiente del
sentimentalismo. Este es el caso de Francesco Antonio Bonporti
(1672-1749), Baldassare Galuppi (1706-85), y Giovanni Battista Pergolesi
(1710-36). Ello es especialmente notorio en este último autor ---quien, por lo
demás, posee un gran encanto en otras de sus obras, y en su Stabat Mater
alcanza una expresividad de buena ley---.
Con el desarrollo de la
sinfonía--- a partir de la obertura de ópera---, decayó el interés por el
concerto grosso. (Sin embargo, todavía Mozart compuso sonate da chiesa al estilo antiguo – pero con la sensibilidad
moderna---.)
La ópera.
Éste constituye el género más
característico del Barroco; en él confluyen el interés de esta época por el
drama, por la música, por lo hierático, grandioso y espectacular.
Como sabemos, la ópera nació
en Italia, sus primeros grandes representantes fueron Claudio Monteverdi,
Francesco Cavalli (1602-76) y Alessandro Scarlatti; con este último,
encontramos ya cristalizado el esquema estándar de la ópera italiana.
A mediados del siglo XVII ---
y tras cierta resistencia--- , el género se aclimató en Francia; curiosamente,
de la mano de un italiano, Lulli. Este signor
Lulli, convertido en Jean-Baptiste
Lully, llegó a ser dictador musical en la corte del Rey Sol, y dio a la ópera
francesa su forma definitiva.
El sucesor de Lully al frente
de la ópera francesa fue Jean-Philippe Rameau (1683-1764). Nacido en Dijon,
comenzó componiendo música de iglesia --- cantatas sobre los salmos--- y piezas
para el clave (varios cuadernos de Pièces de Clavecin, de gran belleza y poder
evocador). Al trasladarse a París, se dedicó de preferencia a la ópera, género
en el cual obtuvo sus mayores éxitos. Aquí Rameau sigue el modelo dejado por
Lully: un tratamiento de las voces apoyado enteramente en el recitativo (sólo de vez en cuando hay un “air”, que no
es más que un arioso(*) de
corta duración), y abundantes episodios de ballet intercalados. Sus principales producciones son: Dardanus, Hyppolite et Aricie, Castor et
Pollux, Zoroastre, Les indes galantes, etc. Quizá lo más notable en las
óperas de Rameau sea su tratamiento de la orquesta, con gran colorido y
armonías audaces, impensables en
Italia.
(*) arioso: pasaje vocal algo
más melódico que el recitativo, pero que no alcanza a ser un aria.
En el siglo XVIII la ópera
italiana alcanza sus cotas más altas de expresividad en manos de dos autores
alemanes: Johann Adolph Hasse (1699-1783) y G.F. Haendel ; este último
representa la síntesis de las distintas tendencias presentes en la ópera
italiana ---elegancia veneciana, sentimentalismo napolitano, solemnidad romana,
etc.---incluyendo aún elementos franceses: obertura a la francesa (lento-rápido-lento)
y episodios de ballet.
En la actualidad hemos perdido
el interés por la ópera barroca en tanto que música dramática (debido a lo
absurdo o rutinario de sus libretos), y tendemos a escucharla más bien como
música pura. Juzgada de esta manera, triunfa sobre la ópera de cualquier otro
período ; si añadimos, en el caso de Haendel, su inteligente comprensión del
drama musical, nos encontramos con el autor de óperas más importante entre
Monteverdi y Mozart. (Quizá podríamos
poner a estos tres autores como los tres grandes del género.)
La cantata.
Este género nace en Italia
como un subproducto o un sustituto de la ópera. Su estructura es la misma que
la de este último género; su tema puede ser religioso o profano , y carece de
representación escénica. En el siglo XVII destacaron en este género : en
Italia, Alessandro Stradella (1644-82) y A. Scarlatti; en Alemania, Dietrich
Buxtehude (1637-1707)----que en éste y en otros géneros es un verdadero
precursor de J.S.Bach---. En el siglo XVIII tenemos a J.S.Bach --- autor de
unas 250 cantatas religiosas y unas 10 profanas---; G.F. Haendel --- cuyas
obras profanas como Semele,L’allegro ed
il pensieroso etc., deben considerarse en este género--- ; Georg Philip
Telemann (1681-1767) --- autor a quien volveremos a encontrar, y que compuso
“Las horas del día” , la “Cantata del canario”, varios Magnificat e Ino, su
última obra ; y, por último, el checo Jan Dismas Zelenka, autor de una gran
seriedad, que es como el “Bach católico”.
El legado de J.S.Bach en este
género es monumental, no sólo por la cantidad de obras, sino por su altísima
calidad. Cada detalle de la partitura ----en el caso de las cantatas sacras---
tiene un significado religioso preciso; la emoción ---siempre contenida--- a veces
rebasa los límites de la expresividad barroca.
El oratorio.
El oratorio nació en 1602 en
Roma, en la Congregación del Oratorio, fundada por san Felipe Neri; en ese año
se estrenó en la iglesia de esta congregación
la “Rappresentatione di anima e di corpo” de Emilio del Cavaliere
---hijo de Tommaso del Cavaliere, que fuera amigo de Miguel Angel
Buonarroti---.
El primer compositor que destacó en este género fue Giacomo Carissimi
(1605-74), autor de oratorios con texto latino. Su obra maestra es “Jefté”;
compuesto para tres solistas --- con uno de ellos (el bajo) haciendo de
narrador o “Historicus”---, coro y un acompañamiento instrumental muy liviano ;
es conmovedor el diálogo del imprudente
caudillo con su hija, el lamento de la joven y el coro final. Otro autor
italiano destacado fue A. Stradella (1645-82), cuya obra maestra es “San Juan
Bautista”, de texto italiano; más adelante destacó A. Scarlatti , con “San
Felipe Neri”, entre otras obras.
M.A.Charpentier, discípulo de
Carissimi en Roma, llevó el oratorio latino a Francia, donde no prosperó mucho.
En Alemania, el género ---
ahora en lengua vernácula--- recibió nueva vida. El egregio Heinrich Schütz lo
ilustró con cinco Pasiones, una Resurrección y “Las siete palabras de Cristo en
la cruz” ---todos de factura austera y reconcentrada--- y una obra ingenua y
encantadora: “La Natividad”. En esta última obra, Schütz utiliza recursos que
en otras ocasiones no se había permitido usar: una instrumentación más rica
(con violines, violas, flautas, trompetas y hasta trombones, además del órgano
positivo) y verdaderas arias (tres para el Angel, una para Herodes), secciones
corales breves pero floridas, y un recitado muy expresivo para el narrador.
Esta obra quizá no sea la más representativa de su estilo, pero es la más
amable.
El oratorio alemán culmina con
las Pasiones y el Oratorio de Navidad de J.S.Bach. De estas obras maestras ya
se ha dicho todo; la de San Mateo es la más compleja musicalmente.
Por otro lado, Haendel
representa la culminación del oratorio
en estilo italiano --- aunque su texto esté
en lengua inglesa---.
El “concierto solista”.
La invención del concerto a solo se atribuye a Torelli ,
quien compuso varios de ellos para violín y para trompeta; la perfección del género en Italia se alcanzó
con Vivaldi y con Tommaso Albinoni (1671-1750). Este último es autor de un
incisivo uso del contrapunto y de un gran refinamiento melódico y expresivo,
especialmente en sus conciertos para oboe (su rivalidad con Vivaldi fue
notoria).
J.S. Bach en su juventud
estudió acuciosamente a los italianos, copiando sus partituras y
transcribiéndolas para teclado (órgano y clavecín) . Sin embargo, son sus
propios conciertos ---para clave, para violín y los cinco brandenburgueses
(exceptuando el 3 y el 6, que son concerti
grossi) los que constituyen la cima de este género.
También destacó en esta forma
musical Telemann, quien utilizó todas las combinaciones de instrumentos
solistas; el más bello de sus conciertos es el de viola, en cuatro movimientos.
En Francia, el violinista y
compositor Jean-Marie Leclair
(1697-1764) adoptó este género italiano con bastante buen resultado; también lo
hizo Michel Corrette (1709-95), gran plagiario (convirtió en cantata “Las
cuatro estaciones “ de Vivaldi; es decir, les “puso letra” a los cuatro
conciertos).
La sonata.
Originalmente se llamó en
Italia sonata a una pieza para uno o
más instrumentos que se hacían sonar (de cuerda, de viento), y toccata a una pieza para aquéllos (los
de teclado) que se tocaban . En las primeras sonatas era variable el
número de instrumentos y el de movimientos en cada pieza. (Corelli tiene
sonatas da camera y da
chiesa que difieren en estos aspectos; Albinoni tiene varias Sonate a cinque que son en realidad
pequeños concerti grossi.) Luego se
estandarizó el término para obras en que aparecía un solista principal
,generalmente acompañado de un bajo continuo que sostenía las armonías; este
último estaba constituido habitualmente por violoncello y clavecín, pero
también podía estarlo por fagot y clavecín, o por clave solo.
En Italia destacaron en este
último tipo de sonatas: Vivaldi, Albinoni, Alessandro Marcello (1684-1750) y
Benedetto Marcello (1686-1739), Gian Francesco Veracini (1690-1768) y Giuseppe
Tartini (1692-1770); en Alemania: J.S.Bach, Haendel, Telemann y Quantz
(1697-1773); en Francia: Leclair .
Las sonatas de Bach ---para
violín y clave, para cello y clave, para flauta y clave--- son cumbres del
género, por su expresividad y por el tratamiento de la parte del clave, el cual
no se limita a dar acordes mecánicamente, sino que dialoga con el instrumento
melódico. Algunas sonatas de Telemann
son de calidad similar.
En un lugar especial debemos
colocar a Domenico Scarlatti, cuyas 555 sonatas (llamadas diversamente sonate, essercizi, etc.) para clavecín
tienen un solo movimiento y muy corta duración; cada una de estas obras es un
pequeño poema musical de gran virtuosismo y picante sabor español.
La suite.
Este es un género de origen
francés y, como su nombre lo indica, es una sucesión de danzas estilizadas. Esta sucesión suele
constar de : allemande, courante, sarabande y gigue---en este orden---, siendo
opcionales : la bourrée, el menuet, el rigaudon, el passepied, la chaconne, la
forlane, la polonaise, etc.
Algunos autores italianos
adoptaron ocasionalmente algunas de
estas danzas para sus concerti grossi (por ejemplo, Corelli) ; otros
compusieron obras similares llamadas, en plural partite (“partitas”, en castellano). El género suite se extendió
por toda Europa, siendo cultivado en todas sus formas: con instrumentos
solistas, con orquesta, y en forma “concertante” (solistas y orquesta).
Entre los cultores del género
suite podemos mencionar a: Henry Purcell
, autor de hermosas suites para clave ; Georg Böhm (1661-1733) ; Louis Couperin
(c. 1626-1661), organista y clavecinista; Francois Couperin, apodado “le Grand”
, a quien ya nos referimos como uno de los “grandes”; Elizabeth de la Guerre
(¿-¿), dama clavecinista, emparentada con los Couperin por matrimonio; Robert
de Visée (¿-¿), laudista y guitarrista; Silvius Leopold Weiss, laudista amigo
de J.S.Bach; Johann Sebastian Bach, autor de tres partitas para violín solo,
seis partitas para clave, seis suites “inglesas” y seis suites “francesas” para
clave , cuatro suites orquestales, todas
ellas cumbres del género; G.F. Haendel , con sus nueve suites para clave y la
Música del Agua; y, finalmente, Georg Philip Telemann, titán del género, autor
de unas 200 suites o ouvertures, la mayoría para orquesta , o para solistas y
orquesta. De las suites de Telemann cabe destacar : “Las mareas de Hamburgo”,
obra orquestal, y la suite en do menor para flauta y orquesta, de gran belleza
, y que recuerda a la segunda suite orquestal de J.S.Bach.
Capítulo
III.
El
Clasicismo.
El período llamado “clásico” se extiende
aproximadamente de 1750 á 1800. El paso del Barroco al Clasicismo fue gradual,
como veremos, y constituye la transición “de la gravedad a la gracia”, para
usar la expresión de Simone Weil. Allí donde el Barroco es solemne, el
Clasicismo es amable; donde aquél es envarado, éste es gracioso; donde aquél es
noblemente expresivo, éste tiende a ser sentimental; tenemos, en suma, la misma
diferencia que entre barroco y rococó en el arte plástico. Para ciertas
sensibilidades, esto sólo puede interpretarse como una decadencia.
Técnicamente, el estilo
clásico se caracteriza por el abandono del contrapunto, la preferencia por la
“melodía acompañada”, y por la armonía plenamente desarrollada; éstas son sus
semejanzas y diferencias con el Barroco. Pero la diferencia fundamental está en
el carácter de las melodías; esto es algo imposible de explicar en palabras,
pero en los temas clásicos se percibe generalmente un carácter florido, un encanto femenino que lo diferencia claramente del estilo
teocrático y cortesano --- muy masculino—del Barroco.
Estilos intermedios.
Johann Sebastian Bach murió en 1750; tras su muerte, sus hijos siguieron
componiendo, pero en el estilo en boga, llamado “estilo galante”. (De ellos,
los más exitosos fueron Johann Christian (1735-82), quien trabajó en Milán y
Londres, y Karl Philip Emmanuel (1714-88), compositor de Federico el Grande de
Prusia.)
También se habla de estilos
rococó y preclásico, que habrían coexistido o se habrían seguido el uno al otro
en un breve lapso. Sea como fuere, nos importa señalar que, a nuestro juicio,
este proceso de transición representa la decadencia ---por no decir la
degeneración--- del Barroco. En lugar de la fortaleza espiritual que se percibe
en el período más antiguo, la impresión del clasicismo es de una “animula
vagula, blandula”.
Los autores que marcaron esta
transición son:
i)
Johann Christian Bach, autor de sinfonías;
ii)
Karl Philip Emmanuel Bach, autor de música para clave ;
iii)
Giovanni Battista Pergolesi, quien, pese a morir
joven, dejó interesantes obras, como los Concerti
Armonici (conciertos para flauta), una ópera cómica breve (“intermezzo”)
llamada La serva padrona, una gran
Misa Romana y un bellísimo Stabat Mater. Todas sus obras adolecen de un
sentimentalismo que, para los cánones barrocos, es excesivo.
iv)
Giuseppe Tartini, virtuoso del violín, autor de
muchos conciertos y sonatas para este instrumento; sus obras se resienten de
sensiblería en los lentos y vulgaridad en los allegros, además de la nociva
manía virtuosística, que comienza con él.
v)
Pietro Locatelli, también virtuoso del violín,
representa las últimas etapas del concerto grosso y del concierto solista
barroco.
vi)
G.Ph. Telemann, uno de los grandes del barroco,
anuncia el clasicismo en sus últimas obras –por ejemplo, en la cantata Ino---.
vii)
Johann Joachim Quantz , autor de hermosos conciertos
para flauta, maestro de música de:
viii) Federico II de
Prusia (1712-86), llamado “el Grande” --- por su política, no por su música---,
rey, flautista y compositor; tiene a su haber cuidados conciertos para flauta
según el modelo de Quantz.
Los grandes.
Por orden cronológico, los cinco grandes del clasicismo son:
i)
Christoph Willibald (von) Gluck (1714-87) : de origen bohemio,
produjo gran parte de su obra en París, como músico personal de la reina María
Antonieta. Lo principal de su obra se halla en el campo de la ópera, donde
produjo obras maestras tales como:
“Orfeo y Eurídice”, “Alcestes”, “Ifigenia en Aulide”, “Ifigenia en Táuride”,
etc. Su estilo es noble y reposado, conservando mucho de la majestad barroca.
También es autor de la pantomima-ballet “Don Juan”, obra de gran belleza.
ii)
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-91): Mozart es el genio
absoluto, no sólo precoz, sino inexplicable; parece haber sido más bien un
instrumento dócil ---y casi inconsciente--- de la gracia divina. Su música, de
una perfección deslumbrante, es la cima del clasicismo, y una de las cimas de
todos los tiempos. Pero en ella no todo es gracia; también hay a veces
patetismo y drama (concierto para piano número 20 , y algunos quintetos para
cuerdas), y majestad otras veces ( sinfonía “Júpiter”, Requiem). La lista de
sus obras maestras es interminable: 42 sinfonías; 27 conciertos para piano---
de los cuales destacan los números 14 (“Coronación”) y 20---; cinco conciertos para violín; uno
---mal llamado “sinfonía concertante--- para violín y viola, que constituye una
de sus obras más conmovedoras; dos para flauta; uno para flauta y arpa; sonatas
para piano, para violín y piano---entre las cuales destaca la KV304 en mi
menor---; la Misa en Do Menor, el Requiem; las óperas “La flauta mágica”, “Don
Juan” y “Las bodas de Fígaro”, etc.
iii)
Franz Joseph Haydn (1732-1809): de origen croata,
fue un genio de maduración lenta. Se lo considera el padre de la sinfonía (con
más de 100 ) y del cuarteto de cuerdas. También tiene a su haber ocho grandes
misas, entre las cuales destacan las llamadas “Nelson” y “En tiempos de guerra”
; el oratorio “La Creación” y una gran
cantata (no oratorio), “Las
Estaciones”. También son destacables por su belleza los dos conciertos para
violoncello recientemente descubiertos.
iv)
Luigi Boccherini (1743-1805): al igual que Domenico
Scarlatti, hizo su carrera en España. Violoncellista, se dedicó preferentemente
a la música instrumental; compuso alrededor de veinte conciertos para su
instrumento, seis sinfonías de gran belleza y varios quintetos para cuerdas,
donde el lugar principal lo tiene, o bien el violoncello, o bien la guitarra
--- que, en las veladas musicales de la época,
era tocada por el duque de Benavente---. Boccherini ---el menor de los
cinco grandes--- tiene un melodismo característico, influido por el ambiente
español, y cierta melancolía.
v)
Ludwig van Beethoven (1770-1827): Beethoven, otro
genio de elaboración lenta, tiene (al igual que Goya, su contemporáneo) dos
períodos: uno “clásico”, “cortesano” o “rococó” --- que incluye las dos
primeras sinfonías, los dos primeros conciertos para piano , los Tríos del Opus
1 y el célebre “Septimino”--- y otro propiamente “romántico”, del cual nos
ocuparemos después. Aquí sólo diremos
que las obras del primer período son tan valiosas como las del segundo,
y tienen ya una personalidad acusada; pero, claro, no son el “Beethoven
típico”.
Otros autores.
Otros autores notables de este
período son:
i)
Domenico Cimarosa (1749-1801): napolitano, parece haberse dedicado de preferencia a la ópera cómica;
tiene también, sin embargo, excelentes quintetos para flauta y cuerdas, y un
notable Requiem.
ii)
Luigi Cherubini (1760-1842): autor clásico
tardío, con atisbos de romanticismo, trabajó en París, donde se dedicó
preferentemente a la ópera ---la más famosa de las suyas es “Medea”---; también
tiene cuatro cuartetos de cuerda, algunos quintetos para corno y cuerdas, y dos
misas de Requiem: una en do menor, para coro masculino y orquesta, y otro en Do
mayor, para solistas, coro y orquesta, en memoria de Luis XVI. Beethoven tenía
una alta opinión de él.
iii)
La escuela de Montserrat: el monasterio benedictino
catalán de Montserrat ---cuya Escolanía (aún en funciones) es el conservatorio
más antiguo de Europa--- produjo en el siglo XVIII varios autores notables,
todos ellos monjes:
a)
Antonio Soler (1729-83), el principal
músico español del siglo XVIII; dejó Montserrat para hacerse monje jerónimo; en
esta Orden, fue organista de El Escorial y sufrió la influencia directa de
Domenico Scarlatti. Compuso muchas “sonatas” similares a las de su maestro,
pero menos inspiradas, y también obras para uno y dos órganos, música sacra y
---lo mejor de su producción--- unos quintetos para cuerdas y clavecín, donde
este último es solista ;
b) Miguel López, autor de obras para órgano
c) Narciso Casanovas,
autor de excelente música sacra
d) Anselmo Viola, autor
de un concierto para fagot.
(Sólo menciono las obras que conozco de cada autor ; todos ellos, en su
condición de monjes, deben haber compuesto abundante música sacra.)
iv)
Muzio Clementi (1752-1832): autor de conocidas
“sonatinas” para piano, conciertos para piano y sinfonías.
Nuevos géneros.
Se considera a Haydn padre del cuarteto de
cuerdas y de la sinfonía. En cuanto al primero, ya hay antecedentes de él en
los concerti grossi de Locatelli ---donde la parte “concertino” a veces está
entregada a dos violines, una viola y un cello---y en los “cuartetos de París”
de Telemann ---que suelen tener, sin embargo, otra instrumentación (incluyendo
generalmente una flauta)---. Pero Haydn le dio su forma definitiva, con su
formación instrumental característica ---dos violines, viola y cello--- y con
sus cuatro movimientos: allegro, andante, menuetto, allegro. Los cuartetos de
cuerda de Mozart y Haydn son los más notables del período.
La sinfonía tiene sus
antecedentes , no en el concerto grosso, como pudiera pensarse, sino en la
obertura italiana de ópera, con sus tres movimientos: allegro, largo, allegro.
Muchos autores comenzaron a escribir “oberturas” que no introducían ninguna
obra mayor (ópera, cantata u oratorio),
sino que se sostenían solas, como música pura. La “escuela de Mannheim”, con
Karl y Johann Stamitz, destacó en este primer período de la sinfonía; luego,
Haydn le dedicó al género un esfuerzo sostenido de perfeccionamiento , dándole
la forma definitiva para el período clásico: un breve andante introductorio
(optativo), seguido de: allegro, largo, menuetto, allegro. La orquestación,
cada vez más nutrida, rebasa la simple orquesta de cuerdas e introduce vientos
y percusión; el bajo continuo desaparece.
Capítulo
IV.
El
Romanticismo.
Características generales.
Hasta el rococó, la música --- y todas
las artes--- se produjeron en función de las clases privilegiadas del Antiguo
Régimen: clero (años 1000-1600) y nobleza (1600-1800). En la última década del
siglo XVIII se produce la Revolución Francesa; ésta, unida a la Revolución
Industrial acaecida en Inglaterra, desencadena enormes cambios en el panorama
social y cultural de Europa. A partir de 1800, la nueva clase dirigente pasa a
ser la burguesía. El arte del siglo XIX será, entonces, un arte hecho para y
por burgueses, o bien contra esta clase; ella constituye en cada caso el
referente obligado.
La burguesía es una clase
astuta, racionalista y descreída; se impone por medio de la inteligencia
metódica y del dinero; carece de sentido poético (en realidad, es profundamente
prosaica). Todos estos rasgos se detectan en el arte de su tiempo (nada más
antipoético que el “realismo” y el “naturalismo” en literatura y en pintura, por
ejemplo), y aquellos artistas que pretenden ser “bohemios” o “poetas malditos”
son sólo “burgueses descarriados”, como se dice del protagonista en la novela
“Tonio Kröger” de Thomas Mann. Aún estos últimos llevan dentro al burgués, con
su introspección obsesiva.
¿Cómo pudo el prosaísmo
infiltrarse en la música, que es --- como decimos en el Prólogo--- la más
etérea de las artes? Aquí el mal es más sutil (por eso pocos lo perciben). El
daño viene de la mano de la grandilocuencia; cada creador se consideraba a sí
mismo un genio, y a cada una de sus obras, como un “mensaje a la Humanidad”.
(De aquí que los compositores románticos sean poco prolíficos; los “mensajes a
la Humanidad” no pueden prodigarse por docenas, como si fueran simples
sinfonías de Haydn.) Beethoven ---que sí era un genio--- nos dio sólo nueve
sinfonías; Schubert, nueve; Brahms, cuatro, etc.
El burgués, con la conciencia
exagerada de la importancia de su yo, si es compositor, verterá sus
sentimientos íntimos en la partitura; lo cual, si está bien hecho, puede dar un
resultado interesante y hasta conmovedor, pero superficial. La música romántica
se dirige a capas superficiales del alma humana. Es ruidosa, porque proviene de
un corazón perturbado. Toda su agitación, que tanto gusta a algunos, no ayuda a
serenar y a centrar el yo ---como ocurre, por el contrario, con la música sacra
del Renacimiento; no es raro que esta última, al gusto moderno le parezca “aburrida” e “impersonal”---.
Semejante fijación con los
problemas individuales es contraria al espíritu religioso profundo; esto, unido
al retroceso generalizado de la fe, produjo una notoria disminución de la
música sacra (y de órgano) en calidad y en cantidad.
Los círculos “cultos” eran más
amplios que en el pasado, pero su cultura era más liviana. Este público les
pedía a los músicos emoción, y éstos se la daban en forma de “pathos” y virtuosismo, ambos exagerados. De aquí el
éxito de figuras como Paganini y Liszt
(quien, por otro lado, era una excelente persona).
Los géneros más estimados
fueron: entre las personas superficiales, la ópera y, entre las más serias, la
sinfonía. Esta última forma alcanzó un gran desarrollo, llegando a tener una
importancia similar a la de la novela en la literatura de la época. Se llegó a
decir---al igual que del género novelesco--que “cada sinfonía es (o debe ser)
un mundo”.
Arbol genealógico de la
sinfonía romántica.
El tronco.
El primer antecedente del
género sinfónico es, como hemos dicho, la obertura de ópera; el género cristalizó
en el período clásico con Mozart y Haydn. Con la tercera sinfonía (Heroica) de
Beethoven , comienza la sinfonía romántica. Beethoven sustituye el menuetto
haydniano por un scherzo --- una
caricatura de minueto---, el cual, con el tiempo, irá estilizándose cada vez
más. A partir de la Heroica, cada una de las sinfonías de Beethoven puede ser
descrita como un paso más en el desarrollo del género, hasta llegar a la
monumental Novena, que, al rebasar el ámbito de la orquesta, se ve obligada a
incluir las voces.
La línea de sinfonistas “puros
y duros”, que parte con Beethoven, continúa con Schubert (1797-1828) y Bruckner
(1824-96); el primero sigue de cerca a Beethoven, y el segundo alcanza el grado
máximo de hinchazón y pesadez. Fuera de esta cadena están Schumann (1810-56) y
Brahms (1833-97), grandes cultores del género a mediados del siglo,
especialmente el segundo. (Brahms, en todas sus obras, exhibe una contención
emocional poco común en el romanticismo; curiosamente, junto a ella se siente una
melancolía casi congénita que, lejos de molestar, constituye parte de su
encanto.)
La rama eslava.
El nacionalismo político dio
origen a un nacionalismo artístico y también musical, especialmente en los
pueblos eslavos (checos y rusos, sobre todo). En Bohemia, el nacionalismo
musical comienza con Bedrich Smetana (1824-84), autor de las óperas “Dalibor”
y “La novia vendida” , en lengua checa,
y de un conjunto de poemas sinfónicos bajo el título general de “Mi Patria”. El
gran nombre de esta escuela es Antonín Dvorák (1841-1904), autor de nueve
sinfonías, sendos conciertos para violín, cello y piano y hermosa música de
cámara ---como el Cuarteto Americano y el trío Dumky---. Su música posee una
melancolía y una seriedad semejantes a las de Brahms.
En Rusia, la necesidad de
formar una escuela musical adquirió características programáticas con el grupo
de los Cinco: Borodin (1833-97), Rimski-Korsakov (1844-1908), Mussorgski
(1839-91), Balakirev (1837-1910) y Cui (1835-1918). Este grupo abordó temas
nacionales en el poema sinfónico y en la ópera; de los tres primeros podemos
nombrar las respectivas óperas “El príncipe Igor”, “El gallo de oro” y “Boris
Godunov”. Por fuera de este grupo trabajó P.I. Chaikovski (1840-93), cuyo
carácter ruso es menos notorio, pero más
profundo. Destacó en el ballet (“Cascanueces”, “El lago de los cisnes”, “La
bella durmiente”), en la ópera (“Eugenio Oneguin”, “La dama de piques”) y,
sobre todo, en sus seis sinfonías . Caracterizan a Chaikovski una gran
emotividad, un gran don melódico y un
agudo sentido del color orquestal; su producción está teñida de la misma melancolía que caracteriza al
mejor romanticismo de Brahms y Dvorák (pese a que su modelo fue siempre
Mozart).
La rama francesa.
El sinfonismo francés siguió
un camino propio, prefiriendo muchas veces la forma cíclica (recapitulando al
final los temas de toda la obra). Sus principales representantes fueron:
Camille Saint-Saëns (1835-1921), Vincent d’Indy (1851-1931), y César Franck
(1822-90), belga, organista en París, autor de una célebre sinfonía en do
menor, además de poemas sinfónicos y música de órgano.
El poema sinfónico.
Este género consiste en una
pieza orquestal que pretende describir un ambiente o narrar una historia. Se
atribuye su invención a Franz Liszt (1811-86), aunque las primeras obras de
este tipo son de Félix Mendelssohn (1809-47) --- obertura “Las Hébridas” o “La gruta de Fingal” --- y de Héctor Berlioz
(1803-69) ---autor que parece haber sido incapaz de componer música pura; sus
principales obras programáticas son la “Sinfonía Fantástica” , el poema
sinfónico “Haroldo en Italia”, para viola y orquesta, y la cantata “Romeo y
Julieta”---.
Después destacaron en este
género Smetana, con el ya mencionado ciclo “Mi Patria”; Dvorák, con varias
obras; los rusos Mussorgski (“Una noche en el Monte Calvo”) y Borodin (“En las
estepas del Asia central”); César Franck (“El cazador maldito”) , y Jan
Sibelius (1865-1957) con la serie de
obras titulada colectivamente “El Kalevala
”.
El lied o canción.
Si bien este tipo de obras
---una melodía para voz humana con un leve acompañamiento instrumental---
existe al menos desde el Medioevo, la forma característica del lied ---un poema
cantado con acompañamiento de piano---no se dio hasta el siglo XIX (quizá fue
necesaria la aparición del piano, como instrumento acompañante ideal). La tarea
de poner música a un poema entraña el peligro evidente de dejarse llevar por el
ritmo del verso en lugar de componer una melodía original. Esto fue lo que sucedió
en el lied, dando origen a uno de los géneros musicales más sobrevalorados de
la historia: entre el ritmo natural del verso y tímidos intentos intermitentes
de reproducir el significado de las palabras, la línea melódica se agota sin
alcanzar el relieve necesario. (Es preferible un aria del viejo estilo, donde
lo que importa es derechamente el canto y no la letra. Hay que subrayar
enfáticamente que un lied no es un
aria.)
Cultivaron este género
Schubert, Schumann, Brahms, Mussorgski, Berlioz (con orquesta), etc.
La ópera.
La ópera fue uno de los
géneros más populares del siglo XIX, a tal punto que podemos asegurar que
ocupaba un lugar parecido al que ocuparía el cine en el siglo XX. Pasando
revista a las principales escuelas, encontramos:
a) En Italia, un grupo
de compositores que proceden de la musicalidad del siglo XVIII, afeada --- casi
caricaturizada--- por el bel canto .
El más vulgar de ellos es Rossini
(1792-1868); lo siguen Donizetti (1797-1848) y Bellini (1801-35) ---este último
gran melodista---. Luego vinieron Giuseppe Verdi (1813-1901), autor de gran
sentido dramático, y Giacomo Puccini (1858-1924), lírico en el verdadero
sentido de la palabra. Todos ellos se resienten, sin embargo, del
sentimentalismo propio del siglo XIX.
b) En Alemania “se alzó
con la monarquía escénica” Richard Wagner (1813-83), quien deja atrás la
alternancia recitativo-aria, y favorece una melodía continua y casi sin fin.
Sus principales óperas son: La Tetralogía “Los Nibelungos”, “Lohengrin”,
“Parsifal”,”Tannhäuser”y “Los maestros cantores” . Las obras de Wagner adolecen
de una grandilocuencia insoportable y vacua; sin embargo, dada la gran
influencia que ejerció sobre los autores subsiguientes, no podemos dejar de
nombrarlo.
c) En la ópera francesa
se cultivó un estilo intermedio entre el de Wagner y el de los italianos.
Berlioz se mantuvo ---sin quererlo--- más cercano a Wagner, con su díptico “Los
Troyanos”; los demás autores ---- Bizet (1838-75), Massenet (1842-1912), Thomas
(1811-96)--- siguieron más bien el melodismo italiano.
d) En los países
eslavos (Bohemia y Rusia) se cultivó, como dijimos, la ópera de temas
autóctonos. Aquí destacaron Mussorgski con “Boris Godunov” ---obra de unas armonías genialmente audaces--- y Chaikovski
con “La dama de pique” y – sobre todo--- “Eugenio Oneguin” . El primero de
estos autores es quizá más “wagneriano”,
y el segundo ---pese a ser un gran orquestador--- más melódico.
La música sacra.
El siglo XIX fue, ya lo
dijimos, un período de disminución y degradación del espíritu religioso, un
siglo donde predominaron sin contrapeso el escepticismo y el prosaísmo de la
clase burguesa. Por ello, la música sacra disminuyó en cantidad y, sobre todo,
en calidad. Mas, pese a esto, el siglo produjo algunas obras maestras del género
religioso; damos aquí la lista de las principales.
i)
La Misa Solemne de Beethoven (1823): aunque
“escasamente litúrgica” (según Angel Carrascosa:”Beethoven”, Madrid, Alianza
Cien, pp. 74-75) --- lo cual no constituye un reproche esencial, ya que la Si
Menor de Bach tampoco se ajusta a la duración de la misa---, “es en cualquier
caso una obra de una sinceridad aplastante y de una belleza y potencia
expresiva sobrehumanas” (íbid.). (Recuérdese nada más que el solo de violín del
Sanctus.)
ii)
Las misas de Schubert, que siguen en su mayoría el modelo de las de Haydn. Su última misa, en
Si bemol, se aleja del modelo clásico y alcanza un aliento sinfónico; sin
embargo, es una obra ruidosa y pesada. Otro problema de las misas de Schubert
es que el autor se toma libertades con el texto---notablemente, suprimiendo en
el Credo las palabras “et in unam...Ecclesiam” ( lo cual nos hace suponer que
Schubert no era católico en su fuero interno).
iii)
Dos obras de Berlioz: el Requiem, su obra maestra, y
el oratorio “La Infancia de Cristo”, con un libreto francés “dramatizado” que
quizá se deba al propio Berlioz ; tal vez no sea ésta una obra muy religiosa,
pero es la más amable de las suyas.
iv)
Dos oratorios de Mendelssohn: “Elías” y “San Pablo”,
compuestos tras su viaje a Inglaterra, donde conoció los grandes oratorios de
Haendel. Aquí, la escritura coral es notable, al igual que en su sinfonía
número 2, “Lobgesang”.
v)
El Requiem Alemán, de Brahms, cuyo texto, similar al
de las “Musikalische Exequien” de Schütz, contiene citas de la Biblia de
Lutero.
vi)
El Te Deum de Bruckner, obra de gran brillo y fuerza expresiva.
vii)
El Requiem de Gabriel Fauré (1845-1924), para tenor,
coro y orquesta, obra notable por su carácter apacible y contemplativo.
viii)
Por último, un conjunto de obras instrumentales :
los once últimos corales (para órgano) de Brahms, donde se acerca al
recogimiento y a la seriedad de los corales bachianos.
Conclusión.
Interrumpimos nuestro recuento de la música docta occidental en torno al año
1900, último del siglo XIX. El siglo siguiente será tan conflictivo,
revolucionario y decepcionante en música como casi en todo lo demás: vendrán
varios “ismos” que se tornarán despóticos; se
exaltará, sin embargo, la libertad del individuo para crear como le
venga en gana, se utilizarán los instrumentos al límite de sus posibilidades,
sin temor a la disonancia, y la melodía perderá su importancia hasta
desaparecer. Si algo bueno tiene esta nueva música, es que no tiene nada de
sentimental --- imposible serlo en un siglo tan amargo como el XX---.
En cuanto al siglo XXI, no sabemos si
seguirá las pautas del XX (lo cual parece difícil), o si vendrá una reacción y
un retorno a la melodía ---o, mejor aún, un retorno a la espiritualidad en
música---.
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