POESIA
CERVANTINA INTERCALADA.
Selección,
Prólogo y Notas de
Raúl
Simón E.
1990.
Registro de Propiedad Intelectual
Inscripción Nº. 107.791.
Prólogo.
Es un prejuicio muy extendido entre literatos el que niega a Cervantes
toda habilidad poética más allá de la mera versificación. En otro extremo, hay
quienes defienden a nuestro autor trayendo a colación, de todas sus obras en
verso, precisamente las menos inspiradas, como el “Viaje al Parnaso” y el
malhadado soneto “Al túmulo de Felipe II en Sevilla”.
Creemos que la mejor defensa de lo poético en Cervantes consiste en la
realista fantasía del “Quijote”, en algunas “Novelas Ejemplares”, y aún en su
teatro, al que Unamuno, injustamente, califica de “insulso” en su “Vida de Don
Quijote y Sancho”. Sin perjuicio de esta verdad, en sus obras narrativas ---
“Galatea”, “Quijote”, “Novelas Ejemplares” y “Persiles”--- se encuentran
numerosos poemas, algunos de los cuales tienen sobrados méritos para ser
destacados de entre la ingente masa de bien burilada prosa. Hemos querido, en
esta breve Antología, recoger lo mejor de este caudal. Hay en él una mayoría de
poemas amorosos, y también no pocos heroicos y humorísticos. La calidad es
máxima en los primeros, aceptable en los segundos, y baja en los terceros (como
suele suceder). En lugar de agrupar los poemas por su tono o por su “género”,
los hemos dispuesto por orden de aparición en las respectivas obras, y éstas
van por orden cronológico de publicación.
Sin duda, Cervantes carece del aliento de un Lope de Vega, un Góngora o un Quevedo, pero también carece
---tanto en verso como en prosa--- de la pedantería agresiva de estos últimos.
Contrariamente a ellos, Cervantes, cuando se pone pedante, nos hace sonreír.(*)
En general, creemos notar en toda su producción un tono de estoicismo y
moderación de hombre bueno, casi diríamos de understatement.
Vayan estas líneas como homenaje al gran ingenio que tuvo la humildad de
decir:
“Yo, que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo”.
Raúl Simón E.
Santiago,
mayo de 1988.
(*) Un ejemplo: en el capítulo XII de
la segunda parte del Quijote, dice el Caballero de los Espejos:
---¿Quién va allá? ¿Qué gente? ¿Es por
ventura de la del número de los contentos, o de la del de los afligidos?
No podemos creer que este entuerto gramatical fuera cometido sin
quererlo por Cervantes; hay aquí, sin duda, una intención paródica.
Soneto.
(“Galatea”, Libro I.)
Crezcan las simples ovejuelas mías
en el cerrado bosque y verde prado
y el caluroso estío e invierno helado
abunde en yerbas verdes y aguas frías.
Pase en sueños las noches y los días,
en lo que toca al pastoril estado,
sin que de amor un mínimo cuidado
sienta, ni sus ancianas niñerías.
Éste mil bienes del amor pregona,
aquél publica dél vanos cuidados;
yo no sé si los dos andan perdidos,
ni sabré al vencedor dar la corona:
sé bien que son de amor los escogidos
tan pocos, cuanto muchos los
llamados.
Liras.
(“Galatea”, Libro II.)
Por bienaventurada,
por llena de contento y alegría,
será por mí juzgada
tan dulce compañía,
si no siente de amor la tiranía;
y besaré la tierra
que pisa aquél que de su pensamiento
el falso amor destierra
y tiene el pecho exento
de la furia cruel de este tormento;
y llamaré dichoso
al rústico advertido ganadero
que vive cuidadoso
del pobre manso apero,
y muestra el rostro al crudo amor
severo.
Deste tal las corderas,
antes que venga la sazón madura,
serán ya parideras,
y en la peña más dura
hallarán claras aguas y verdura.
Si, estando amor airado
con él, pusiere en su salud desvío,
llevaré su ganado,
con el ganado mío,
al abundoso pasto, al claro río.
Y en tanto, del incienso
el humo santo irá volando al cielo,
a quien decirle pienso, (*)
con pío y justo celo,
las rodillas postradas por el suelo:
“¡Oh cielo santo y justo!
Pues eres protector del que pretende
hacer lo que es tu gusto,
a la salud atiende
de aquél que por servirte amor le
ofende.
(*) A quien: al cielo, a Dios.
“No lleve este tirano
los despojos a ti sólo debidos;
antes, con larga mano
y premios merecidos,
restituye su fuerza a los sentidos.”
Soneto.
(“Galatea”, Libro V.)
Si el áspero furor del mar airado(*)
por largo tiempo en su rigor durase,
mal se podría hallar quien entregase
su flaca nave al piélago alterado.
No permanece siempre en un estado
el bien ni el mal, que el uno y otro
vase;
porque, si huyese el bien y el mal
quedase,
ya sería el mundo a confusión tornado.
La noche al día, y el calor al frío,
la flor al fruto van en seguimiento,
formando de contrarios igual tela.
La sujeción se cambia en señorío,
en placer el pesar, la gloria en
viento,
che per tal varïar natura è bella.
(*) El primer verso de este soneto
recuerda la primera estrofa de la canción de Garcilaso de la Vega “A la flor de Gnido”. Nótese además la
aliteración del sonido “ere”, y el muy
mundano remate con un proverbio italiano (recuerdo, sin duda, de los buenos
tiempos pasados por el autor en Italia).
Soneto.(*)
(“Galatea”,
Libro V.)
Por ásperos caminos voy siguiendo
el fin dudoso de mi fantasía,
siempre en cerrada noche oscura y fría,
las fuerzas de la vida consumiendo.
Y aunque morir me veo, no pretendo
salir un paso de la estrecha vía;
que, en fe de la alta fe sin igual mía,
mayores miedos contrastar entiendo.
Mi fe es la luz que me señala el puerto
seguro a mi tormenta, y sola es ella
quien promete buen fin a mi vïaje;
por más que el medio se me muestre
incierto,
por más que el claro rayo de mi estrella
me encubra amor, y el cielo más me
ultraje.
(*)Unica observación que cabe: demasiada “fe”.
Soneto.(*)
(“Galatea”,
Libro VI .)
¿Quién dejará
del verde prado umbroso
las frescas yerbas y las frescas
fuentes?
¿Quién de seguir con pasos diligentes
la suelta liebre o jabalí cerdoso?
¿Quién con el son amigo y sonoroso
no detendrá las aves inocentes?
¿Quién, en las horas de la siesta
ardientes,
no buscará en las selvas el reposo,
por seguir los incendios, los temores,
los celos, iras, rabias, muertes, penas
del falso amor, que tanto aflige al
mundo?
Del campo son y han sido mis amores;
rosas son y jazmines mis cadenas;
libre nací, y en libertad me fundo.
(*) Este soneto sería perfecto, si no
fuera por la repetición innecesaria de la palabra “frescas” en el segundo
verso.
Romance en recuerdo de
la misa de acción de gracias de la reina Margarita de Austria por el
nacimiento de su hijo, futuro rey Felipe IV.
(“La Gitanilla”.)
Salió a misa de parida
la mayor reina de Europa,
en el valor y en el nombre
rica y admirable joya.
Como los ojos se lleva,
se lleva las almas todas
de cuantos miran y admiran
su devoción y su pompa.
Y para mostrar que es parte
del cielo en la tierra toda,
a un lado lleva el sol de Austria;
al otro, la tierna Aurora.
..........................................................
A la Madre y Virgen junto,
a la Hija y a la Esposa
de Dios, hincada de hinojos,
Margarita así razona:
“Lo que me has dado te doy,
mano siempre dadivosa;
que a do falta el favor tuyo
siempre la miseria sobra.
Las primicias de mis frutos
te ofrezco, Virgen hermosa;
tales cuales son las mira,
recibe, ampara y mejora.
A su padre te encomiendo,
que, humano Atlante, se encorva
al peso de tantos reinos
y de climas tan remotas.
Sé que
el corazón del rey
en las manos de Dios mora,
y sé que puedes con Dios
cuanto quieres pïadosa. “
Acabada esta oración,
otra semejante entonan
himnos y voces que muestran
que está en el suelo la Gloria.
Acabados los oficios
con reales ceremonias,
volvió a su punto este cielo
y esfera maravillosa.
Romancillo en loor de santa Ana.
(“La
Gitanilla”.)
Arbol preciosísimo
que tardó en dar fruto
años que pudieron
cubrirle de luto,
y hacer los deseos
del consorte puros,
contra su esperanza
no muy bien seguros;
de cuyo tardarse
nació aquel disgusto
que lanzó del templo
al varón más justo;
santa tierra estéril,
que al cabo produjo
toda la abundancia
que sustenta el mundo;
casa de moneda
do se forjó el cuño
que a Dios la forma
que como hombre tuvo;
madre de una hija
en quien quiso y pudo
mostrar Dios grandezas
sobre humano curso.
Por vos y por ella
sois, Ana, el refugio
do van por remedio
nuestros infortunios.
En cierta manera
tenéis, no lo dudo,
sobre el Nieto imperio
pïadoso y justo.
A ser comunera
del alcázar sumo
fueran mil parientes
con vos de consuno.
¡Qué hija, y qué nieto,
y qué yerno! Al punto,
a ser causa justa,
cantárades triunfos.
Pero vos, humilde,
fuisteis el estudio
donde vuestra Hija
hizo humildes cursos;
y ahora a su lado,
a Dios el más junto,
gozáis de la alteza
que apenas barrunto.
Redondillas.
(“La Gitanilla”.)
Gitanica, que de hermosa
te pueden dar parabienes,
por lo que de piedra tienes
te llama el mundo Preciosa.
Desta verdad me asegura
esto, como en ti verás:
que no se apartan jamás
la esquiveza y la hermosura.
Si como en valor subido
vas creciendo en arrogancia,
no le arriendo la ganancia
a la edad en que has nacido;
que un basilisco se cría
en ti, que mata mirando,
y un imperio que, aunque blando,
nos parezca tiranía.
Ente pobres y adüares,
¿cómo nació tal belleza?
O, ¿cómo crió tal pieza
el humilde Manzanares?
Por esto será famoso
Al par del Tajo dorado,
y por Preciosa preciado
más que el Ganges caudaloso.
Dices la buenaventura,
Y dasla mala contino;
que no van por un camino
tu intención y tu hermosura.
Porque en el peligro fuerte
De mirarte o contemplarte,
tu intención va a disculparte,
y tu hermosura a dar muerte.
Dicen que son hechiceras
todas las de tu nación;
pero tus hechizos son
de más fuerzas y más veras;
pues por llevar los despojos
de todos cuantos te ven,
haces, ¡oh niña!, que estén
tus hechizos en tus ojos.
En sus fuerzas te adelantas,
pues bailando nos admiras,
y nos matas si nos miras,
y nos encantas si cantas.
De cien mil modos hechizas,
hables, calles, cantes, mires;
o te acerques, o retires,
el fuego de amor atizas.
Sobre el más exento pecho
tienes mando y señorío,
de lo que es testigo el mío,
de tu imperio satisfecho.
Preciosa joya de amor,
esto humildemente escribe
el que por ti muere y vive,
pobre, aunque humilde, amador.
Soneto.
(“La Gitanilla”.)
Cuando Preciosa el panderete toca
y hiere el dulce son los aires vanos,
perlas son que derrama con las manos;
flores son que despide de la boca.
Suspensa el alma, y la cordura loca
queda a los dulces actos sobrehumanos,
que de limpios, de honestos y de sanos
su fama al cielo levantado toca.
Colgadas del menor de sus cabellos
mil almas lleva, y a sus plantas tiene
Amor rendidas una y otra flecha.
Ciega y alumbra con sus soles bellos;
su imperio Amor por ellos le mantiene,
y aún más grandezas de su ser sospecha.
Capricho.(*)
(“La
Gitanilla”.)
Cabecita, cabecita,
tente en ti, no te resbales,
y apareja dos puntales
de la paciencia bendita.
Solicita
la bonita
confiancita,
no te inclines
a pensamientos ruïnes;
verás cosas
que toquen en milagrosas,
Dios delante
y san Cristóbal gigante.
(*) Hemos dado este título a esta breve
composición por la caprichosa distribución de la rima y medida de los versos.
Pese a ello, el efecto es maravilloso. (¿Anticipa a García Lorca?)
Romance.
(“La Gitanilla”.)
Hermosita, hermosita,
la de las manos de plata,
más te quiere tu marido
que el rey de las Alpujarras.
Eres paloma sin hiel;
pero a veces eres brava
como leona de Orán
o como tigre de Ocaña.(1)
Pero en un tras, en un tris,
el enojo se te pasa,
y quedas como alfiñique(2)
o como cordera mansa.
Riñes mucho y comes poco:
algo celosita andas;
que es juguetón el teniente,
y quiere arrimar la vara.
Cuando doncella, te quiso
uno de una buena cara;
que mal hayan los terceros
que los gustos desbaratan.
Si a dicha tú fueras monja,
hoy tu convento mandaras,
porque tienes de abadesa
más de cuatrocientas rayas.
No te lo quiero decir...
pero poco importa; vaya:
enviudarás, y otra vez,
y otras dos, serás casada.
No llores, señora mía,
que no siepre las gitanas
decimos el evangelio;
no llores, señora; acaba.
Como te mueras primero
que el señor teniente, basta
para remediar el daño
de la viudez que amenaza.
Has de heredar, y muy presto,
hacienda en mucha abundancia;
tendrás un hijo canónigo;
la iglesia no se señala
(de Toledo no es posible).
Una hija rubia y blanca
tendrás que, si es religiosa,
también vendrá a ser prelada.
Si tu esposo no se muere
dentro de cuatro semanas,
verásle
corregidor
de Burgos o
Salamanca.
Un lunar tienes,
¡qué lindo!
¡Ay Jesús, qué luna clara!
¡Qué sol, que allá en las antípodas
oscuros valles aclara!
Más de dos ciegos, por verle
dieran más de cuatro blancas...
¡Agora sí es la risica!
¡Ay, que bien haya esa gracia!
Guárdate de las caídas,
principalmente de espaldas;
que suelen ser peligrosas
en las principales damas.
Cosas hay más que decirte;
si para el viernes me aguardas,
las oirás, que son de gusto,
y algunas hay de desgracias.
(1) Tigre de Ocaña: corrupción de “tigre de Hircania”; ambas
expresiones son tópicos de la época.
(2) Alfiñique: alfeñique, pasta de almendras.
Décimas hexasílabas.
(“El
celoso extremeño”.)
Madre, la mi madre,
guardas me ponéis;
si yo no me guardo,
mal me guardaréis. (*)
Dicen que está escrito,
y con gran razón,
ser la privación
causa de apetito;
crece en infinito
encerrado amor;
por eso es mejor
que no me encerréis,
que
si no me guardo... etc.
Si la voluntad
por sí no se guarda,
no la harán guarda
miedo o calidad:
romperá, en verdad,
por la misma muerte,
hasta hallar la suerte
que vos no entendéis;
que
si no me guardo... etc.
Quien tiene costumbre
de ser amorosa,
como mariposa
se irá tras la lumbre,
aunque muchedumbre
de guardas le pongan,
y aunque me propongan
de hacer lo que hacéis;
que
si no me guardo... etc.
Es de tal manera
la fuerza amorosa,
que a la más hermosa
la vuelve en quimera:
el pecho de cera,
de fuego la gana,
las manos de lana,
de fieltro los pies;
que
si no me guardo,
mal
me guardaréis.
(*) En otras versiones dice: “que si yo
no me guardo,/ no me guardaréis.” Se observa que el “que” introduce
---innecesariamente—una sílaba de más.
Soneto(1).
(“Quijote”,
Prólogo de la Primera Parte.)
DIALOGO ENTRE BABIECA(2)
Y ROCINANTE.
B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R.
Porque nunca se come, y se
trabaja.
B.
Pues, ¿qué es de la cebada y
de la paja?
R.
No me deja mi amo ni un
bocado.
B.
Andad, señor, que estáis muy
mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo
ultraja.
R.
Asno se es de la cuna a la
mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.
B.
¿Es necedad amar? R. No es
gran prudencia.
B.
Metafísico estáis. R. Es que no como.
B.
Quejaos del escudero. R. No
es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?
(1) Este es uno de los pocos sonetos
dialogados de la literatura. Valga como ejemplo de poesía humorística.
(2) Babieca: caballo del Cid Campeador.
Soneto.
(“Quijote”, Cap. XXIII, Primera Parte(*).)
O le falta al Amor conocimiento,
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena
al género más duro de tormento.
Pero si Amor es dios, es argumento
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel. Pues, ¿quién
ordena
el terrible dolor que adoro y siento?
Si digo que sois vos, Fili, no acierto;
que tanto mal en tanto bien no cabe,
ni me viene del cielo esta ruïna.
Presto habré de morir, que es lo más cierto;
que al mal de quien la causa no se sabe
milagro es acertar la medicina.
(*) Todos los poemas tomados del
“Quijote”, salvo el último, pertenecen a
la Primera Parte.
Soneto.(*)
(“Quijote”,
Capítulo XXXIV.)
En el silencio de la noche, cuando
ocupa el dulce sueño a los mortales,
la pobre cuenta de mis ricos males
estoy al cielo y a mi Clori dando.
Y al tiempo cuando el sol se va mostrando
por las rosadas puertas orientales,
con suspiros y acentos desiguales
voy la antigua querella renovando.
Y cuando el sol de su estrellado asiento
derechos rayos a la tierra envía,
el llanto crece y doblo los gemidos.
Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento,
y siempre hallo, en mi mortal porfía,
al cielo sordo, a Clori sin oídos.
(*) Este soneto aparece después en la
comedia de Cervantes La casa de los celos
, jornada segunda. Lo hemos incluido, más que por su calidad, por ser
relativamente conocido.
Soneto.
(“Quijote”, Cap. XXXIV.)
Yo sé que muero; y si no soy creído,
es más cierto el morir, como es más
cierto
verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!,
muerto,
antes que de adorarte arrepentido.
Podré yo verme en la región de olvido,
de vida y gloria y de favor desierto,
y allí verse podrá en mi pecho abierto
cómo tu hermoso rostro está esculpido.
Que esta reliquia guardo para el duro
trance que me amenaza mi porfía,
que en tu mismo rigor se fortalece.
¡Ay de aquél que navega, el cielo oscuro,
por mar no usado y peligrosa vía,
adonde norte o puerto no se ofrece!
Soneto.
(“Quijote”,
Cap. XL.)
A LOS DEFENSORES
DE LA GOLETA.
Almas dichosas, que del mortal velo
libres y exentas, por el bien que
obrasteis,
desde la baja tierra os levantasteis
a lo más alto y lo mejor del cielo,
y, ardiendo en ira y en honroso celo,
de los cuerpos la fuerza ejercitasteis,
que en propia y sangre ajena
colorasteis
el mar vecino y arenoso suelo;
primero que el valor faltó la vida
en los cansados brazos, que, muriendo,
con ser vencidos, llevan la victoria.
Y esta vuestra mortal, triste caída
entre el muro y el hierro, os va
adquiriendo
fama que el mundo os da, y el cielo
gloria.
Romance.
(“Quijote”,
Cap. XLIII.)
Marinero soy de amor,
y en su piélago profundo
navego sin esperanza
de llegar a puerto alguno.
Siguiendo voy una estrella
que desde lejos descubro,
más bella y resplandeciente
de cuantas vio Palinuro.(1)
Yo no sé adónde me guía,
y así, navego confuso,
el alma a mirarla atenta,
cuidadosa y con descuido.(2)
Recatos impertinentes,
honestidad contra el uso,
son nubes que me la encubren
cuando más verla procuro.
¡Oh clara y luciente estrella,
en cuya lumbre me apuro!
El punto en que te me encubras(3)
Será de mi muerte el punto.
(1)
Palinuro: piloto mayor de
Eneas, que figura en la obra de Virgilio.
(2)
Cuidadosa y con descuido: al
descuido con cuidado.
(3)
Otras versiones dicen: Al punto que te me encubras...
Madrigal.(*)
(“Quijote”, Cap.
LXVIII, Segunda Parte.)
Amor, cuando yo pienso
en el mal que me das, terrible y
fuerte,
voy corriendo a la muerte,
pensando así acabar mi mal inmenso;
mas en llegando al paso
que es puerto en este mar de mi
tormento,
tanta alegría siento,
que la vida se esfuerza, y no le paso.
Así el vivir me mata,
que la muerte me torna a dar la vida.
¡Oh condición no oída
la que conmigo muerte y vida trata!
(*) En la edición del Círculo de
Lectores (Barcelona, 1969), con notas de José Ma. Castro Calvo, se dice:
“Traducción de un madrigal del poeta Pietro Bembo.” No se indica quién efectuó
esta traducción de Bembo. (¿Acaso el mismo Cervantes --- que no era tan lego
como se piensa---¿) Unamuno, en “Vida de Don Quijote y Sancho”, cita la última
estrofa,
como ejemplo del “agónico” sentido hispánico de la vida; sin
embargo, el hecho de tratarse de una traducción del italiano nos convence de
que éste es sólo un ejemplo más de la afectada retórica amorosa de la
época.
Octavas reales en honor
de la Virgen María.
(“Persiles
y Segismunda, Libro III.)
Antes que de la mente eterna fuera
saliesen los espíritus alados,
y antes que la veloz o tarda esfera
tuviese movimientos señalados,
y antes que aquella oscuridad primera
los cabellos del sol viese dorados,
fabricó para sí Dios una casa
de santísima, limpia y pura masa.
Los altos y fortísimos cimientos
sobre humildad profunda se fundaron;
y, mientras más a la humildad atentos,
más la fábrica regia levantaron.
Pasó la tierra, pasó el mar; los
vientos
atrás, como más bajos, se quedaron;
el fuego pasa y, con igual fortuna,
debajo de sus pies tiene la luna.
De fe son los pilares, de esperanza;
los muros de esta fábrica bendita
ciñe la caridad, por quien se alcanza
duración, como Dios, siempre infinita;
su recreo se aumenta en su templanza;
su prudencia los grados facilita
del bien que ha de gozar, por la
grandeza
de su mucha justicia y fortaleza.
Adornan este alcázar soberano
profundos pozos, perennales fuentes,
huertos cerrados, cuyo fruto sano
es bendición y gloria de las gentes;
están a la siniestra y diestra mano
cipreses altos, palmas eminentes,
altos cedros, clarísimos espejos
que dan lumbre de gracia cerca y lejos.
El cinamomo, el plátano y la rosa
de Jericó se halla en sus jardines,
con aquella color, y aun más hermosa,
de los más abrasados querubines.
Del pecado la sombra tenebrosa
ni llega, ni se acerca a sus confines.
Todo es luz, todo es gloria, todo es
cielo
este edificio que hoy se muestra al
suelo.
De Salomón el templo se nos muestra
hoy con la perfección a Dios posible,
donde no se oyó golpe que la diestra
mano diese a la obra convenible;
hoy, haciendo de sí gloriosa muestra,
salió la luz del sol inaccesible;
hoy nuevo resplandor ha dado al día
la clarísima estrella de María.
Antes que el sol, la estrella hoy da su lumbre;
prodigiosa señal, pero tan buena,
que, sin guardar agüeros la costumbre,
deja el alma de gozo y bienes llena.
Hoy la humildad se vio puesta en la
cumbre;
hoy comenzó a romperse la cadena
del hierro antiguo, y sale al mundo
aquella
prudentísima Ester, que el sol más bella.(1)
Niña de Dios, por nuestro bien nacida;
tierna, pero tan fuerte, que la frente,
en soberbia maldad endurecida,
quebrantasteis de la infernal
serpiente;
brinco(2) de Dios, de
nuestra muerte vida,
pues vos fuisteis el medio conveniente
que redujo a pacífica concordia
de Dios y el hombre la mortal
discordia.
La justicia y la paz hoy se han juntado
en vos, Virgen santísima, y con gusto
el dulce beso de la paz se han dado,
arra(3) y señal del venidero
augusto.(4)
Del claro amanecer del sol sagrado
sois la primera aurora;sois del justo
gloria; del pecador, firme esperanza;
de la borrasca antigua, la bonanza.
Sois la paloma que, ab eterno(5), fuisteis
llamada desde el cielo; sois la esposa
que al sacro Verbo limpia carne
disteis,
por quien de Adán la culpa fue dichosa;
sois el brazo de Dios que detuvisteis
de Abraham la cuchilla rigurosa,
y para el sacrificio verdadero
nos disteis el mansísimo Cordero.
Creced, hermosa planta, y dad el fruto
presto en sazón, por quien el alma
espera
cambiar en ropa rozagante el luto
que la gran culpa le vistió primera.
De aquel inmenso y general tributo
la paga conveniente y verdadera
en vos se ha de fraguar; creed, señora,
que sois universal remediadora.
Ya en las empíreas sacrosantas salas
el paraninfo alígero(6) se
apresta,
y casi mueve las doradas alas,
para venir con la embajada honesta:
que el olor de virtud que de ti
exhalas,
Virgen bendita, sirve de recuesta(7
)
y apremio a que se vea en ti muy presto
del gran poder de Dios echado el resto.
(1) Que el sol más bella: más bella que el sol.
(2) Brinco: joya.
(3) Arra(s): prenda.
(4) Venidero augusto: el Cristo que está por venir.
(5) Ab eterno: ab aeterno (latín) = desde la eternidad.
(6) Paraninfo alígero: el
arcángel Gabriel.
(7) Recuesta: petición,
demanda, solicitud.
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