POESIA CERVANTINA INTERCALADA.

 

Selección, Prólogo y Notas de

 

 

Raúl Simón E.

 

 

                                                  1990.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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                                                            Prólogo.

 

   Es un prejuicio muy extendido entre literatos el que niega a Cervantes toda habilidad poética más allá de la mera versificación. En otro extremo, hay quienes defienden a nuestro autor trayendo a colación, de todas sus obras en verso, precisamente las menos inspiradas, como el “Viaje al Parnaso” y el malhadado soneto “Al túmulo de Felipe II en Sevilla”.

 

   Creemos que la mejor defensa de lo poético en Cervantes consiste en la realista fantasía del “Quijote”, en algunas “Novelas Ejemplares”, y aún en su teatro, al que Unamuno, injustamente, califica de “insulso” en su “Vida de Don Quijote y Sancho”. Sin perjuicio de esta verdad, en sus obras narrativas --- “Galatea”, “Quijote”, “Novelas Ejemplares” y “Persiles”--- se encuentran numerosos poemas, algunos de los cuales tienen sobrados méritos para ser destacados de entre la ingente masa de bien burilada prosa. Hemos querido, en esta breve Antología, recoger lo mejor de este caudal. Hay en él una mayoría de poemas amorosos, y también no pocos heroicos y humorísticos. La calidad es máxima en los primeros, aceptable en los segundos, y baja en los terceros (como suele suceder). En lugar de agrupar los poemas por su tono o por su “género”, los hemos dispuesto por orden de aparición en las respectivas obras, y éstas van por orden cronológico de publicación.          

 

  Sin duda, Cervantes carece del aliento de un Lope de Vega,  un Góngora o un Quevedo, pero también carece ---tanto en verso como en prosa--- de la pedantería agresiva de estos últimos. Contrariamente a ellos, Cervantes, cuando se pone pedante, nos hace sonreír.(*) En general, creemos notar en toda su producción un tono de estoicismo y moderación de hombre bueno, casi diríamos de understatement.

 

   Vayan estas líneas como homenaje al gran ingenio que tuvo la humildad de decir:

 

   “Yo, que siempre trabajo y me desvelo

por parecer que tengo de poeta   

la gracia que no quiso darme el cielo”.

 

 

 

                                                                                            Raúl Simón E.

                                                                                             Santiago, mayo de 1988.

 

 

(*) Un ejemplo: en el capítulo XII de la segunda parte del Quijote, dice el Caballero de los Espejos:

---¿Quién va allá? ¿Qué gente? ¿Es por ventura de la del número de los contentos, o de la del de los afligidos?

 

   No podemos creer que este entuerto gramatical fuera cometido sin quererlo por Cervantes; hay aquí, sin duda, una intención paródica.

 

 

                                                      Soneto.

                                           (“Galatea”, Libro I.)

 

   Crezcan las simples ovejuelas mías

en el cerrado bosque y verde prado

y el caluroso estío e invierno helado

abunde en yerbas verdes y aguas frías.

 

   Pase en sueños las noches y los días,

en lo que toca al pastoril estado,

sin que de amor un mínimo cuidado

sienta, ni sus ancianas niñerías.

 

   Éste mil bienes del amor pregona,

aquél publica dél vanos cuidados;

yo no sé si los dos andan perdidos,

 

ni sabré al vencedor dar la corona:

sé bien que son de amor los escogidos

tan pocos, cuanto muchos los llamados. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                Liras.

                                                 (“Galatea”, Libro II.)

 

   Por bienaventurada,

por llena de contento y alegría,

será por mí juzgada

tan dulce compañía,

si no siente de amor la tiranía;

 

y besaré la tierra

que pisa aquél que de su pensamiento

el falso amor destierra

y tiene el pecho exento

de la furia cruel de este tormento;

 

y llamaré dichoso

al rústico advertido ganadero

que vive cuidadoso

del pobre manso apero,

y muestra el rostro al crudo amor severo.

 

Deste tal las corderas,

antes que venga la sazón madura,

serán ya parideras,

y en la peña más dura

hallarán claras aguas y verdura.

 

   Si, estando amor airado

con él, pusiere en su salud desvío,

llevaré su ganado,

con el ganado mío,

al abundoso pasto, al claro río.

 

   Y en tanto, del incienso

el humo santo irá volando al cielo,

 a quien decirle pienso, (*)

  con pío y justo celo,

las rodillas postradas por el suelo:

 

   “¡Oh cielo santo y justo!

Pues eres protector del que pretende

hacer lo que es tu gusto,

a la salud atiende

de aquél que por servirte amor le ofende.

 

 

(*) A quien: al cielo, a Dios.

“No lleve este tirano

los despojos a ti sólo debidos;

antes, con larga mano

y premios merecidos,

restituye su fuerza a los sentidos.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                      Soneto.

                                        (“Galatea”, Libro V.)

 

 

   Si el áspero furor del mar airado(*)

por largo tiempo en su rigor durase,

mal se podría hallar quien entregase

su flaca nave al piélago alterado.

 

   No permanece siempre en un estado

el bien ni el mal, que el uno y otro vase;

porque, si huyese el bien y el mal quedase,

ya sería el mundo a confusión tornado.

 

   La noche al día, y el calor al frío,

la flor al fruto van en seguimiento,

formando de contrarios igual tela.

 

   La sujeción se cambia en señorío,

en placer el pesar, la gloria en viento,

che per tal varïar natura è bella. 

 

 

 

 

(*) El primer verso de este soneto recuerda la primera estrofa de la canción de Garcilaso de la Vega  “A la flor de Gnido”. Nótese además la aliteración del sonido  “ere”, y el muy mundano remate con un proverbio italiano (recuerdo, sin duda, de los buenos tiempos pasados por el autor en Italia).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                     Soneto.(*)

                                        (“Galatea”, Libro V.)

 

   Por ásperos caminos voy siguiendo

el fin dudoso de mi fantasía,

siempre en cerrada noche oscura y fría,

las fuerzas de la vida consumiendo.

 

   Y aunque morir me veo, no pretendo

salir un paso de la estrecha vía;

que, en fe de la alta fe sin igual mía,

mayores miedos contrastar entiendo.

 

   Mi fe es la luz que me señala el puerto

seguro a mi tormenta, y sola es ella

quien promete buen fin a mi vïaje;

 

por más que el medio se me muestre incierto,

por más que el claro rayo de mi estrella

me encubra amor, y el cielo más me ultraje.

 

 

 


(*)Unica observación que cabe: demasiada “fe”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Soneto.(*)

(“Galatea”, Libro VI .)

 

 

   ¿Quién dejará del verde prado umbroso

las frescas yerbas y las frescas fuentes?

¿Quién de seguir con pasos diligentes

la suelta liebre o jabalí cerdoso?

 

   ¿Quién con el son amigo y sonoroso

no detendrá las aves inocentes?

¿Quién, en las horas de la siesta ardientes,

no buscará en las selvas el reposo,

 

por seguir los incendios, los temores,

los celos, iras, rabias, muertes, penas

del falso amor, que tanto aflige al mundo?

 

   Del campo son y han sido mis amores;

rosas son y jazmines mis cadenas;

libre nací, y en libertad me fundo.

 

 

 

 

(*) Este soneto sería perfecto, si no fuera por la repetición innecesaria de la palabra “frescas” en el segundo verso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Romance en recuerdo de la misa de acción de gracias de la reina Margarita de Austria                                     por el nacimiento de su hijo, futuro rey Felipe IV.

                                                   (“La Gitanilla”.)

 

   Salió a misa de parida

la mayor reina de Europa,

en el valor y en el nombre

rica y admirable joya.

Como los ojos se lleva,

se lleva las almas todas

de cuantos miran y admiran

su devoción y su pompa.

Y para mostrar que es parte

del cielo en la tierra toda,

a un lado lleva el sol de Austria;

al otro, la tierna Aurora.

 

..........................................................

 

   A la Madre y Virgen junto,

a la Hija y a la Esposa

de Dios, hincada de hinojos,

Margarita así razona:

 

   “Lo que me has dado te doy,

mano siempre dadivosa;

que a do falta el favor tuyo

siempre la miseria sobra.

Las primicias de mis frutos

te ofrezco, Virgen hermosa;

tales cuales son las mira,

recibe, ampara y mejora.

A su padre te encomiendo,

que, humano Atlante, se encorva

al peso de tantos reinos

y de climas tan remotas.

Sé que  el corazón del rey

en las manos de Dios mora,

y sé que puedes con Dios

cuanto quieres pïadosa. “

 

   Acabada esta oración,

otra semejante entonan

himnos y voces que muestran

que está en el suelo la Gloria.

   Acabados los oficios

con reales ceremonias,

volvió a su punto este cielo

y esfera maravillosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                               Romancillo en loor de santa Ana.

                                       (“La Gitanilla”.)

 

   Arbol preciosísimo

que tardó en dar fruto

años que pudieron

cubrirle de luto,

y hacer los deseos

del consorte puros,

contra su esperanza

no muy bien seguros;

de cuyo tardarse

nació aquel disgusto

que lanzó del templo

al varón más justo;

santa tierra estéril,

que al cabo produjo

toda la abundancia

que sustenta el mundo;

casa de moneda

do se forjó el cuño

que a Dios la forma

que como hombre tuvo;

madre de una hija

en quien quiso y pudo

mostrar Dios grandezas

sobre humano curso.

Por vos y por ella

sois, Ana, el refugio

do van por remedio

nuestros infortunios.

En cierta manera

tenéis, no lo dudo,

sobre el Nieto imperio

pïadoso y justo.

A ser comunera

del alcázar sumo

fueran mil parientes

con vos de consuno.

¡Qué hija, y qué nieto,

y qué yerno! Al punto,

a ser causa justa,

cantárades triunfos.

Pero vos, humilde,

fuisteis el estudio

donde vuestra Hija

hizo humildes cursos;

y ahora a su lado,

a Dios el más junto,

gozáis de la alteza

que apenas barrunto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                  Redondillas.

                                                (“La Gitanilla”.)

 

Gitanica, que de hermosa

te pueden dar parabienes,

por lo que de piedra tienes

te llama el mundo Preciosa.

 

   Desta verdad me asegura

esto, como en ti verás:

que no se apartan jamás

la esquiveza y la hermosura.

 

   Si como en valor subido

vas creciendo en arrogancia, 

no le arriendo la ganancia

a la edad en que has nacido;

 

que un basilisco se cría

en ti, que mata mirando,

y un imperio que, aunque blando,

nos parezca tiranía.

 

   Ente pobres y adüares,

¿cómo nació tal belleza?

O, ¿cómo crió tal pieza

el humilde Manzanares?

 

Por esto será famoso

Al par del Tajo dorado,

y por Preciosa preciado

más que el Ganges caudaloso.

 

   Dices la buenaventura,

Y dasla mala contino;

que no van por un camino

tu intención y tu hermosura.

 

Porque en el peligro fuerte

De mirarte o contemplarte,

tu intención va a disculparte,

y tu hermosura a dar muerte.

 

 

   Dicen que son hechiceras

todas las de tu nación;

pero tus hechizos son

de más fuerzas y más veras;

 

pues por llevar los despojos

de todos cuantos te ven,

haces, ¡oh niña!, que estén

tus hechizos en tus ojos.

 

En sus fuerzas te adelantas,

pues bailando nos admiras,

y nos matas si nos miras,

y nos encantas si cantas.

 

De cien mil modos hechizas,

hables, calles, cantes, mires;

o te acerques, o retires,

el fuego de amor atizas.

 

Sobre el más exento pecho

tienes mando y señorío,

de lo que es testigo el mío,

de tu imperio satisfecho.

 

   Preciosa joya de amor,

esto humildemente escribe

el que por ti muere y vive,

pobre, aunque humilde, amador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                    Soneto.

                                            (“La Gitanilla”.)

 

   Cuando Preciosa el panderete toca

y hiere el dulce son los aires vanos,

perlas son que derrama con las manos;

flores son que despide de la boca.

 

   Suspensa el alma, y la cordura loca

queda a los dulces actos sobrehumanos,

que de limpios, de honestos y de sanos

su fama al cielo levantado toca.

 

   Colgadas del menor de sus cabellos

mil almas lleva, y a sus plantas tiene

Amor rendidas una y otra flecha.

 

   Ciega y alumbra con sus soles bellos;

su imperio Amor por ellos le mantiene,

y aún más grandezas de su ser sospecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capricho.(*)

(“La Gitanilla”.)

 

   Cabecita, cabecita,

tente en ti, no te resbales,

y apareja dos puntales

de la paciencia bendita.

Solicita

la bonita

confiancita,

no te inclines

a pensamientos ruïnes;

verás cosas

que toquen en milagrosas,

Dios delante

y san Cristóbal gigante.

 

 

 

 

 

 

 

(*) Hemos dado este título a esta breve composición por la caprichosa distribución de la rima y medida de los versos. Pese a ello, el efecto es maravilloso. (¿Anticipa a García Lorca?)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 Romance.

                                            (“La Gitanilla”.)

 

   Hermosita, hermosita,

la de las manos de plata,

más te quiere tu marido

que el rey de las Alpujarras. 

 

   Eres paloma sin hiel;

pero a veces eres brava

como leona de Orán

o como tigre de Ocaña.(1)

Pero en un tras, en un tris,

el enojo se te pasa,

y quedas como alfiñique(2)

o como cordera mansa.

 

   Riñes mucho y comes poco:

algo celosita andas;

que es juguetón el teniente,

y quiere arrimar la vara.

 

   Cuando doncella, te quiso

uno de una buena cara;

que mal hayan los terceros

que los gustos desbaratan.

 

   Si a dicha tú fueras monja,

hoy tu convento mandaras,

porque tienes de abadesa

más de cuatrocientas rayas.

 

   No te lo quiero decir...

pero poco importa; vaya:

enviudarás, y otra vez,

y otras dos, serás casada.

No llores, señora mía,

que no siepre las gitanas

decimos el evangelio;

no llores, señora; acaba.  

Como te mueras primero

que el señor teniente, basta

para remediar el daño

de la viudez que amenaza.

 

 

 

   Has de heredar, y muy presto,

hacienda en mucha abundancia;

tendrás un hijo canónigo;

la iglesia no se señala

(de Toledo no es posible).

Una hija rubia y  blanca

tendrás que, si es religiosa,

también vendrá a ser prelada.

 

   Si tu esposo no se muere

dentro de cuatro semanas,

verásle corregidor

de Burgos o Salamanca.

 

   Un lunar tienes, ¡qué lindo!

¡Ay Jesús, qué luna clara!

¡Qué sol, que allá en las antípodas

oscuros valles aclara!

Más de dos ciegos, por verle

dieran más de cuatro blancas...

¡Agora sí es la risica!

¡Ay, que bien haya esa gracia!

 

   Guárdate de las caídas,

principalmente de espaldas;

que suelen ser peligrosas

en las principales damas.

 

   Cosas hay más que decirte;

si para el viernes me aguardas,

las oirás, que son de gusto,

y algunas hay de desgracias.

 

 

 

 

 

(1)  Tigre de Ocaña: corrupción de “tigre de Hircania”; ambas expresiones son tópicos de la época.

(2)  Alfiñique: alfeñique, pasta de almendras.

 

 

 

 

                                             Décimas hexasílabas.

                                           (“El celoso extremeño”.)

 

   Madre, la mi madre,

guardas me ponéis;

si yo no me guardo,

mal me guardaréis. (*) 

 

   Dicen que está escrito,

y con gran razón,

ser la privación

causa de apetito;

crece en infinito

encerrado amor;

por eso es mejor

que no me encerréis,

que si no me guardo... etc.

 

   Si la voluntad

por sí no se guarda,

no la harán guarda

miedo o calidad:

romperá, en verdad,

por la misma muerte,

hasta hallar la suerte

que vos no entendéis;

que si no me guardo... etc.

 

   Quien tiene costumbre

de ser amorosa,

 como mariposa

se irá tras la lumbre,

aunque muchedumbre

de guardas le pongan,

y aunque me propongan

de hacer lo que hacéis;

que si no me guardo... etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   Es de tal manera

la fuerza amorosa,

que a la más hermosa

la vuelve en quimera:

el pecho  de cera,

de fuego la gana,

las manos de lana,

de fieltro los pies;

que si no me guardo,

mal me guardaréis.

 

 

 

 

 

 

 

 

(*) En otras versiones dice: “que si yo no me guardo,/ no me guardaréis.” Se observa que el “que” introduce ---innecesariamente—una sílaba de más. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                          Soneto(1).

                             (“Quijote”, Prólogo de la Primera Parte.)

 

 

                          DIALOGO ENTRE BABIECA(2) Y ROCINANTE.

 

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?

R.    Porque nunca se come, y se trabaja.

B.     Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?

R.     No me deja mi amo ni un bocado.

 

B.      Andad, señor, que estáis muy mal criado,

pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.

R.        Asno se es de la cuna a la mortaja. 

¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.

 

B.         ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.

B.           Metafísico estáis.  R. Es que no como.

B.           Quejaos del escudero. R. No es bastante.

 

 

¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,

si amo y escudero o mayordomo

son tan rocines como Rocinante?

 

 

 

 

 

(1) Este es uno de los pocos sonetos dialogados de la literatura. Valga como ejemplo de poesía humorística.    

 

(2)  Babieca: caballo del Cid Campeador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                         Soneto.

                              (“Quijote”, Cap. XXIII, Primera Parte(*).)                 

 

   O le falta al Amor conocimiento,

o le sobra crueldad, o no es mi pena

igual a la ocasión que me condena

al género más duro de tormento.

 

   Pero si Amor es dios, es argumento

que nada ignora, y es razón muy buena

que un dios no sea cruel. Pues, ¿quién ordena

el terrible dolor que adoro y siento?

 

   Si digo que sois vos, Fili, no acierto;

que tanto mal en tanto bien no cabe,

ni me viene del cielo esta ruïna.

 

   Presto habré de morir, que es lo más cierto;

que al mal de quien la causa no se sabe

milagro es acertar la medicina.

 

 

 

 

 

 

 

(*) Todos los poemas tomados del “Quijote”, salvo el último,  pertenecen a la Primera Parte.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Soneto.(*)

(“Quijote”, Capítulo XXXIV.)

 

   En el silencio de la noche, cuando

ocupa el dulce sueño a los mortales,

la pobre cuenta de mis ricos males

estoy al cielo y a mi Clori dando.

 

   Y al tiempo cuando el sol se va mostrando

por las rosadas puertas orientales,

con suspiros y acentos desiguales

voy la antigua querella renovando.

 

   Y cuando el sol de su estrellado asiento

derechos rayos a la tierra envía,

el llanto crece y doblo los gemidos.

 

   Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento,

y siempre hallo, en mi mortal porfía,

al cielo sordo, a Clori sin oídos.  

 

 

 

(*) Este soneto aparece después en la comedia de Cervantes La casa de los celos , jornada segunda. Lo hemos incluido, más que por su calidad, por ser relativamente conocido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                           Soneto.

                                             (“Quijote”, Cap. XXXIV.)

 

   Yo sé que muero; y si no soy creído,

es más cierto el morir, como es más cierto

verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto,

antes que de adorarte arrepentido.

 

   Podré yo verme en la región de olvido,

de vida y gloria y de favor desierto,

y allí verse podrá en  mi pecho abierto

cómo tu hermoso rostro está esculpido.

 

   Que esta reliquia guardo para el duro

trance que me amenaza mi porfía,

que en tu mismo rigor se fortalece.

 

   ¡Ay de aquél que navega, el cielo oscuro,

por mar no usado y peligrosa vía,

adonde norte o puerto no se ofrece!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                        Soneto.

                                          (“Quijote”, Cap. XL.)

 

 

 

                             A LOS DEFENSORES DE LA GOLETA.

 

   Almas dichosas, que del mortal velo

libres y exentas, por el bien que obrasteis,

desde la baja tierra os levantasteis

a lo más alto y lo mejor del cielo,

 

y, ardiendo en ira y en honroso celo,

de los cuerpos la fuerza ejercitasteis,

que en propia y sangre ajena colorasteis

el mar vecino y arenoso suelo;

 

primero que el valor faltó la vida

en los cansados brazos, que, muriendo,

con ser vencidos, llevan la victoria.

 

Y esta vuestra mortal, triste caída

entre el muro y el hierro, os va adquiriendo

fama que el mundo os da, y el cielo gloria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                          Romance.

                                              (“Quijote”, Cap. XLIII.)

 

   Marinero soy de amor,

y en su piélago profundo

navego sin esperanza

de llegar a puerto alguno.

Siguiendo voy una estrella

que desde lejos descubro,

más bella y resplandeciente

de cuantas vio Palinuro.(1)

Yo no sé adónde me guía,

y así, navego confuso,

el alma a mirarla atenta,

cuidadosa y con descuido.(2)

Recatos impertinentes,

honestidad contra el uso,

son nubes que me la encubren

cuando más verla procuro.

  

   ¡Oh clara y luciente estrella,

en cuya lumbre me apuro!

El punto en que te me encubras(3)

Será de mi muerte el punto.

 

 

 

(1)  Palinuro: piloto mayor de Eneas, que figura en la obra de Virgilio.

(2)  Cuidadosa y con descuido: al descuido con cuidado.

(3)  Otras versiones dicen: Al punto que te me encubras...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                 Madrigal.(*)

                          (“Quijote”, Cap. LXVIII, Segunda Parte.)

 

 

   Amor, cuando yo pienso

en el mal que me das, terrible y fuerte,

voy corriendo a la muerte,

pensando así acabar mi mal inmenso;

 

mas en llegando al paso

que es puerto en este mar de mi tormento,

tanta alegría siento,

que la vida se esfuerza, y no le paso.

 

   Así el vivir me mata,

que la muerte me torna a dar la vida.

¡Oh condición no oída

la que conmigo muerte y vida trata!

 

 

 

 

 

 

 

 

(*) En la edición del Círculo de Lectores (Barcelona, 1969), con notas de José Ma. Castro Calvo, se dice: “Traducción de un madrigal del poeta Pietro Bembo.” No se indica quién efectuó esta traducción de Bembo. (¿Acaso el mismo Cervantes --- que no era tan lego como se piensa---¿) Unamuno, en “Vida de Don Quijote y Sancho”, cita la última estrofa, 

como ejemplo del  “agónico” sentido hispánico de la vida; sin embargo, el hecho de tratarse de una traducción del italiano nos convence de que éste es sólo un ejemplo más de la afectada retórica amorosa de la época.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Octavas reales en honor de la Virgen María.

 

(“Persiles y Segismunda, Libro III.)

 

 

    Antes que de la mente eterna fuera

saliesen los espíritus alados,  

y antes que la veloz o tarda esfera

tuviese movimientos señalados,

y antes que aquella oscuridad primera

los cabellos del sol viese dorados,

fabricó para sí Dios una casa

de santísima, limpia y pura masa.

 

   Los altos y fortísimos cimientos

sobre humildad profunda se fundaron;

y, mientras más a la humildad atentos,

más la fábrica regia levantaron.

Pasó la tierra, pasó el mar; los vientos

atrás, como más bajos, se quedaron;

el fuego pasa y, con igual fortuna,

debajo de sus pies tiene la luna.

 

   De fe son los pilares, de esperanza;

los muros de esta fábrica bendita

ciñe la caridad, por quien se alcanza

duración, como Dios, siempre infinita;

su recreo se aumenta en su templanza;

su prudencia los grados facilita

del bien que ha de gozar, por la grandeza

de su mucha justicia y fortaleza.

 

   Adornan este alcázar soberano

profundos pozos, perennales fuentes,

huertos cerrados, cuyo fruto sano

es bendición y gloria de las gentes;

están a la siniestra y diestra mano

cipreses altos, palmas eminentes,

altos cedros, clarísimos espejos

que dan lumbre de gracia cerca y lejos.

 

 

 

   El cinamomo, el plátano y la rosa

de Jericó se halla en sus jardines,

con aquella color, y aun más hermosa,

de los más abrasados querubines.

Del pecado la sombra tenebrosa

ni llega, ni se acerca a sus confines.

Todo es luz, todo es gloria, todo es cielo

este edificio que hoy se muestra al suelo.

 

   De Salomón el templo se nos muestra

hoy con la perfección a Dios posible,

donde no se oyó golpe que la diestra

mano diese a la obra convenible;

hoy, haciendo de sí gloriosa muestra,

salió la luz del sol inaccesible;

hoy nuevo resplandor ha dado al día

la clarísima estrella de María.  

 

   Antes que el sol, la estrella hoy da su lumbre;

prodigiosa señal, pero tan buena,

 que, sin guardar agüeros la costumbre,

deja el alma de gozo y bienes llena.

Hoy la humildad se vio puesta en la cumbre;

hoy comenzó a romperse la cadena

del hierro antiguo, y sale al mundo aquella

prudentísima  Ester, que el sol más bella.(1) 

 

   Niña de Dios, por nuestro bien nacida;

tierna, pero tan fuerte, que la frente,

en soberbia maldad endurecida,

quebrantasteis de la infernal serpiente;

brinco(2) de Dios, de nuestra muerte vida,

pues vos fuisteis el medio conveniente

que redujo a pacífica concordia

de Dios y el hombre la mortal discordia.

 

   La justicia y la paz hoy se han juntado

en vos, Virgen santísima, y con gusto

el dulce beso de la paz se han dado,

arra(3) y señal del venidero augusto.(4)

Del claro amanecer del sol sagrado

sois la primera aurora;sois del justo

gloria; del pecador, firme esperanza;

de la borrasca antigua, la bonanza.

 

 

 

   Sois la paloma que, ab eterno(5), fuisteis

llamada desde el cielo; sois la esposa

que al sacro Verbo limpia carne disteis,

por quien de Adán la culpa fue dichosa;

sois el brazo de Dios que detuvisteis

de Abraham la cuchilla rigurosa,

y para el sacrificio verdadero

nos disteis el mansísimo Cordero. 

 

 

 

   Creced, hermosa planta, y dad el fruto

presto en sazón, por quien el alma espera

cambiar en ropa rozagante el luto

que la gran culpa le vistió primera.

De aquel inmenso y general tributo

la paga conveniente y  verdadera

en vos se ha de fraguar; creed, señora,

que sois universal remediadora.

 

   Ya en las empíreas sacrosantas salas

el paraninfo alígero(6) se apresta,

y casi mueve las doradas alas,

para venir con la embajada honesta:

que el olor de virtud que de ti exhalas,

Virgen bendita, sirve de recuesta(7 )

y apremio a que se vea en ti muy presto

del gran poder de Dios echado el resto.

 

 

 

 

(1)  Que el sol más bella: más bella que el sol.

(2)  Brinco: joya.

(3)  Arra(s): prenda.

(4)  Venidero augusto: el Cristo que está por venir.

(5)   Ab eterno: ab aeterno (latín) = desde la eternidad.

(6)   Paraninfo alígero: el arcángel Gabriel. 

(7)   Recuesta: petición, demanda, solicitud.

 

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