Con Vicente Huidobro.

 

Con Vicente Huidobro.

Lágrimas dando a los mares,

al viento voces certeras, 

y manantiales de asombro

a ángeles y sirenas,

en transatlántico vuelo 

por encima de las quejas

que las espigas del mar

hacia los aires avientan, 

ascendió el paracaídas

en que Altazor---¡oh, sorpresa!---

llegó, cual segundo Adán,

al nacer de toda lengua.

   Vicente-Altazor, ¿qué traes? 

Vicente amigo, ¿qué llevas?

¿Tal vez el pájaro añil

que del arco iris cuelga? 

   El humo de tu cigarro, 

del aire azulada percha,

antes de  desintegrarse, 

nos interroga de vuelta: 

   “¿Qué habéis hecho a vuestro ser, 

que el espejo me lo muestra

con la línea ecuatorial

torva, angulosa y siniestra?

Oscureció vuestros días

la silenciosa pantera 

que en las lindes del desierto 

con la mirada os acecha.

Aventad su triste sino,

desmontad su cabellera;

una a una revivid, 

piedras que fuisteis madera.

Lanzad vuestro grito al cielo,  

y que el sol os lo devuelva. 

Si en vosotros vive Adán,

oculto en tiniebla espesa,

decidle que no es posible

que sólo muera.” 

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